Es muy claro el contraste entre la situación de la Argentina en la década de los ´90 y la última década gobernada por Néstor y Cristina Kirchner.
Durante todo el periodo en donde el neoliberalismo gobernó nuestro país, época de la convertibilidad, el estado nacional sufrió un serio desguace de tipo económico, político e institucional. El daño al patrimonio nacional que se le hizo con las privatizaciones y a la industria Argentina con la convertibilidad, fueron los ejes del desastre económico que desembocó en la crisis de 2001 cuyos culpables fueron Menem, Cavallo y De La Rúa entre otros.
A partir de 2003 se inició una etapa de reconstrucción del estado Argentino, una tarea que parecía casi imposible luego de la debacle, la cual Néstor Kirchner decidió ponerse al frente y llevar adelante.
Me extendería mucho si quisiera explicar los importantes avances que se hicieron en nuestro país en esta denominada "década ganada".
Fue de gran orgullo para mí, miembro de una generación diezmada por el Proceso de Reorganización Nacional, el hecho de que a partir de Kirchner se tome como política de Estado la cuestión de derechos humanos.
La nacionalización de las Afjp, Aerolíneas Argentinas e YPF a quienes militamos en contra del neoliberalismo durante la década de 1990, nos parecía un sueño, sueño que Néstor y Cristina hicieron realidad, superando ampliamente nuestras expectativas, con una inspiradora decisión y coraje.
La política económica volcada a la reindustrialización nacional mediante el desarrollo del mercado interno y eficientes políticas sociales que alimentan ese modelo fueron los ejes que lograron altas tasas de crecimiento en esta última década, y que lograron disminuir de forma importante los niveles de pobreza e indigencia.
En muchas columnas he señalado lo acertada de la política exterior del gobierno en cuanto a la vocación de unidad latinoamericana volcada en Mercosur y Unasur, y el tratamiento que se le ha dado a la cuestión Malvinas, insistiendo en llevar el caso a los foros internacionales, apelando a la paz y la negociación para resolver una controversia que tanto hiere al orgullo nacional.
Como argentinos debemos valorar el enorme esfuerzo que han hecho Cristina y Néstor Kirchner, que con virtudes y defectos llevaron adelante una política independiente, soberana y de equidad. No debemos dejarnos llevar por aquellos cipayos que tienen su historia teñida de sangre y verdaderos negocios turbios, ni por sus interlocutores que defienden los intereses empresariales por los de la patria.



