Hace muchos años, conocí la historia del sapo y el escorpión, un relato donde se destacaba que la naturaleza más profunda del ser era inalterable, al punto que el escorpión, en medio del rio, le quitaba la vida a su rescatista el sapo, a costa que los dos se ahogaban. Hace unos años me encontré con una nueva historia sobre la naturaleza del ser humano, la historia del Maestro y el Escorpión. En este nuevo relato, un maestro oriental ve al escorpión ahogándose y con su mano intenta sacarlo, pero el escorpión lo pica, el maestro lo intenta nuevamente, corriendo la misma suerte.
Alguien que observaba se acerca al maestro, mientras este buscaba una alternativa, y le pregunta por qué seguía intentando una y otra vez rescatar a quien lo lastimaba al picarlo, allí el maestro expreso: Es la naturaleza de él picar, pero eso no cambiara la mía que es AYUDAR. Mientras hablaba, el maestro tomo unas ramas y rescato al escorpión salvándole la vida. Podemos acomodar esta historia a cada una de nuestras vidas, dado que el mensaje es inequívoco, y es que, no debemos cambiar nuestra naturaleza, no debemos alterar nuestro ser más profundo por las circunstancias que nos rodean, sino simplemente tomar las precauciones necesarias para seguir siendo nosotros. Me tomare la potestad de relacionar estos relatos con la política actual o mejor dicho con los políticos actuales (dentro de los cuales me encuentro incluido). Indudablemente, lo primero que se escucha expresar a los vecinos cuando uno logra un ámbito de representación popular es la premisa "esperamos que no cambies", y cuanto mensaje en tan corta frase.
Es que el pueblo ya está acostumbrado a que los "electos" en su mayoría modifiquen sus actitudes cuando asumen o logran cierta cuota de poder. Bueno, lamentablemente debo exponer que si alguien cambia es porque no nunca fue como se mostró, simplemente creo un personaje, o tal vez no estaba preparado para ejercer el cargo que debió asumir, y no tenía la suficiente templanza para soportar presiones y críticas de los opositores políticos, y menos aún de los alineados ideológicamente.
Desde la faz individual espero estar a la altura de las circunstancias, pero eso solo tiempo lo dirá, mientras tanto entiendo que debo preocuparme más por lo que dicta mi conciencia, mi ser interior, que por la reputación que "crean los demás", porque mientras la reputación será moldeada por lo que los demás piensen y concluyan sobre mi actuar, mi conciencia y mi yo interior, es y será lo que me hará seguir siempre en el camino del "ser" que busco constituir, un ser comprometido con la libertad y la igualdad. Seguramente recibiré críticas de los extraños, y algunas veces de los propios, pero eso es parte de la vida, y no pienso modificar mi naturaleza.
Dicen que mientras algunos corren desesperadamente tras la felicidad, intentando alcanzarla, otros pacientemente intentan crearla para sí y para todo los que con ellos interactúan. Por ello creo que una de mis obligaciones como representante electo por un pueblo, es actuar, sabiamente y con paciencia, para lograr el bienestar de los vecinos. Quizás lo logre en forma inmediata, quizás a mediano plazo, o quizás a largo plazo, pero está en mi naturaleza no bajar los brazos y seguir buscando el bienestar de todos los vecinos, aún a costa que me critiquen los propios o los extraños.
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