Muy apreciados y estimados sacerdotes, diáconos, seminaristas, religiosos, religiosas
Queridos familiares de los ordenandos, esposas, hijos e hijas
Queridos hermanos que hoy recibirán el orden sagrado como diáconos para el servicio del Pueblo de Dios
Queridos jóvenes, y queridos hermanos, hermanas en el Señor
Con gran alegría en el alma, en este día de la ordenación diaconal de estos hermanos nuestros, celebramos esta Eucaristía durante la cual, por imposición de manos y oración consecratoria del Obispo, Sucesor de los Apóstoles, estos hermanos van a ser configurado en el orden sagrado con Jesucristo Siervo, en estado permanente, para el bien de la Iglesia, Cuerpo de Cristo que vive y peregrina en la historia humana.
I. LOS TRABAJADORES Y LA MIES
La realidad que vemos en la Iglesia, hoy más acuciante que nunca, nos refiere la parábola evangélica de los trabajadores y la mies; el trabajo en el campo del Señor o, lo que es lo mismo, en su viña, que significa el anuncio del Reino de Dios, la evangelización, el cumplir la misión de la Iglesia, la cual por naturaleza es misionera, porque lleva el Nombre y el Amor de Cristo a todo el universo. La mies es lo que se ha segado, que está listo para cosechar; requiere de brazos fuertes, de una voluntad decidida, de disposición para el trabajo. Esa cosecha será trigo, será pan; o será uvas y vino de la viña; será, en última instancia, el Don del Amor de Dios para la humanidad.
Ese trabajo para el Señor, en su viña, dará plenamente a conocer sus frutos cuando el Señor vuelva revestido de Gloria, a juzgar a los vivos y a los muertos. Este tiempo de Adviento que iniciamos ha de ser para nosotros una reafirmación de esta realidad de Fe: el Señor ya ha venido en la carne humana, es el "Dios-con-nosotros", el"Emmanu-el", y es el mismo Señor que vendrá glorioso al fin de los tiempos.
Hoy, queridos hermanos que serán ordenados, dan ustedes un paso trascendental en esta puesta a disposición para ser trabajadores del Señor, para la mies y la cosecha. Hoy la Iglesia con su autoridad apostólica confirma que el Señor los llamó, desde la eternidad, para esta misión. Encomendamos este paso tan fundamental en la vida de ustedes, en su consagración, a la Santísima Virgen, Madre de la Iglesia, a San José, quien hizo las veces de "padre" aquí en la tierra, protector del niño Jesús y de la Virgen, a santa Teresa de Jesús, patrona de esta parroquia que hoy los acoge y a todos los santos y santas de Dios. Ese es el sentido de las letanías, que a continuación se cantarán en esta celebración.
II. EL DIACONADO QUE HOY RECIBEN
Queridos hermanos que recibirán el diaconado como Orden sagrado. Como sabemos, no somos nosotros, por nosotros mismos, los que elegimos este camino. Porque si así fuera, ese camino estaría lleno de insuperables incertidumbres. Es el propio Jesús, Cabeza de la Iglesia y Pastor de los Pastores, quien nos ha elegido. Él los ha elegido también a ustedes para el servicio del Pueblo de Dios.
En efecto, el diácono, como lo afirma la Constitución Lumen Gentium, del Concilio Vaticano II (n. 29), se dedica a "la administración solemne del bautismo, el conservar y distribuir la Eucaristía, el asistir en nombre de la Iglesia y bendecir los matrimonios, llevar el viático a los moribundos, leer la Sagrada Escritura a los fieles, instruir y exhortar al pueblo, presidir el culto y oración de los fieles, administrar los sacramentales, presidir los ritos de funerales y sepelios". Una función muy importante, nunca la olviden, es la de la caridad para con los más pobres, para con los enfermos y los más necesitados. No olviden, por favor, la caridad institucionalizada de la Iglesia, la "Caritas" de asistencia y promoción humana. Dios les dará la fuerza para todo.
Por cierto, nuestra cooperación humana a esta Obra del Señor debe ser completa, poniendo todo lo mejor de nuestra inteligencia, voluntad, sensibilidad, creatividad y fuerza de acción. Por sobre todo, sin embargo, nuestra cooperación a esta obra de la gracia consistirá en tener un corazón disponible a la oración, a ese "tratar de amistad con Dios", que es orar, orar cual "contemplativos para la acción", orar por quienes la Iglesia nos ha encomendado, por los fieles, por los que sufren, por los alejados, por quienes ya no tienen fe y esperanza. Siempre debemos recordar ese"oficio de amor": el que ama mucho a sus hermanos es el que ora mucho por su pueblo. La oración "lleva hacia" la caridad pastoral y "se hace" tal, para con la comunidad. Esa es la fuente de santificación más profunda y a la vez será la razón de ser de la vida de ustedes hasta que el Señor los llame a dar cuenta de cómo hayan trabajado en su mies y en su viña. Como obreros, como profesionales, como trabajadores, como esposos y padres de familia, dan ustedes un testimonio en el ambiente -y un testimonio de consagrados- que hace que otros expresen: "miren como se aman", lo cual, con la impulsión del Espíritu Santo, es el inicio de toda obra evangelizadora.
III. COMUNIÓN ORGÁNICA Y FRATERNIDAD
Queridos amigos: la familia de ustedes los ha acompañado con cariño en la formación para la vida consagrada, a lo largo de estos años; con cariño y también con esperanza. Sean para ellos una fuente continua de bendición, de armonía, de motivo de alegría y de dar gracias a Dios. Suelo recordar en las ordenaciones que también a nosotros, los consagrados, y especialmente, aun más, nos obliga el mandamiento de "honrar padre y madre", que se extiende también a la Iglesia, a los superiores en la Fe. Y tanto más para un diácono permanente, esto hace referencia especial a su esposa, a sus hijos, a su familia toda.
Mis hermanos, traten siempre en su vida el poder hacer realidad reactualizada eso que decían de los primeros cristianos, y que movía a la fe a quienes no creían, como les acabo de decir: "Miren cómo se aman". Todo el testimonio cristiano, fuente de evangelización, procede de allí. El Papa Juan Pablo II nos dejó un programa fundamental para el tercer Milenio: "Contemplar el Rostro de Cristo"; es el Rostro que nos purifica y nos hace amar de verdad. Y Dios, quien todo lo ve, tiene muy en cuenta al "limpio de corazón". Y el Papa Benedicto XVI nos recuerda (en su primera encíclica) que "Dios es Amor" (Deus Caritas est), un Amor que debe ser transmitido a toda la humanidad. Para ello, no pierdan nunca la alegría, la disponibilidad, la frescura del alma y de todo tu ser entregado a Él y a la Iglesia. La comunión orgánica con el Obispo, con los sacerdotes, les ayudará en su tarea de transmitir el Amor del Padre a todo el Pueblo de Dios.
La Virgen Madre de Dios, que es Reina de los Apóstoles y Madre de los Sacerdotes y de los consagrados, también Madre amorosísima de quienes han sido configurados a Cristo Siervo por el orden diaconal, los cuidará y los protegerá. Sean fuertes y sean fieles; no decaigan, no se acomoden a las exigencias de este mundo, sino que procuren transformarlo en y desde Cristo.
Nuevo!













Tip: Seleccione una pestaña de arriba para conocer la última actividad de los espacios de participación.
Es Usuario registrado de LAD? ingrese al sistema: 







