La extorsión, el insulto, la amenaza, el coscorrón, la bofetada, la paliza, el azote, el cuarto oscuro, la ducha helada, el ayuno obligatorio, la comida obligatoria, la prohibición de salir, la prohibición de decir lo que se piensa, la prohibición de hacer lo que se siente y la humillación pública; son algunos de los métodos de penitencia y tortura tradicionales que fueron utilizados en la vida de la familia.
Para castigo de la desobediencia y el escarmiento de la libertad, la tradición familiar perpetúa una cultura del terror que humilla a la mujer, enseña a los hijos a mentir y contagia la peste del miedo.
-Los derechos humanos tendrían que empezar por casa- le comentaba, en Chile, Andrés Domínguez a Eduardo Galeano.
La desaparición de Luis Gerez, también es consecuencia y parte de una cultura del terror. Miles de argentinos fueron criados en un escenario autoritario, en muchos casos, comenzando sus estudios en casa y terminando la vil carrera en los cuarteles y en las comisarías.
El presidente Kirchner, en su discurso, nos invitó a no temer a los autoritarios y mucho menos, permitir que la impunidad sea quien triunfe por sobre todas las cosas.
A las pocas horas de ese discurso en cadena nacional, el compañero Geréz apareció con vida en la zona de Garín.
Que en este año venidero la paz nos encuentre unidos, pero con la convicción de que el único camino para construir un país en serio es la justicia, no el olvido.
Charly Schneider
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