Si estuviera mejor de plata, si mi relación de pareja fuera otra, si pudiera mudarme, si cambiara de trabajo…
Aunque esté muy trillado esto de que la felicidad no es algo que pueda encontrarse afuera sino que viene de adentro, no está de más re-pensarlo.
¿Qué significa eso de que la felicidad viene de adentro?
En coaching promovemos una premisa: los seres humanos no sufrimos por los hechos sino por nuestras interpretaciones de esos hechos. Marisa está sin trabajo y le ofrecen
uno con un sueldo de diez mil pesos. Hernán viene cobrando quince mil y le ofrecen un cambio en el que pasará a cobrar diez mil. El hecho es que: alguien recibe una propuesta de trabajo por diez mil pesos. Que alguien se alegre o se enoje no tiene que ver con ese hecho sino con su forma particular de ver la situación en el presente: los seres humanos vivimos en mundos interpretativos.
¿Tiene sentido entonces esperar la felicidad en términos de lo que tenemos o no tenemos: trabajo, buen sueldo, casa, pareja… o necesitaremos buscar su raíz, su génesis, su espíritu en nuestras formas de interpretar lo que tenemos o no tenemos, en nuestras formas de interpretar lo que nos pasa o no nos pasa, en nuestras formas de interpretarnos a nosotros mismos, a quienes nos rodean y a la vida misma?
En mi experiencia eso ocurre por accidente, como respuesta a situaciones límites con las que la vida nos sorprende, o por diseño propio.
Lo cierto es que solos se nos dificulta. Presos de un modelo en el que nos escuchamos decir: Así son las cosas o Así soy yo, no sabemos apropiarnos y desafiar nuestras formas personales de pensar, sentir y hacer.
Promover, alimentar, dar lugar a la felicidad necesita de espacios de aprendizaje: contextos de respeto y legitimación en los que podamos exponer lo que nos pasa sin miedo a ser burlados, incomprendidos o invalidados, espacios en lo que confiemos que seremos acompañados, contenidos y sostenidos.
En mi trabajo como coach desde hace más de diez años he aprendido y disfrutado del poder transformador de esos contextos y, lo más parecido a la felicidad que descubrí en ellos es esa alegría interna que se expresa en la sensación de conexión con lo todo que nos rodea en un marco de confianza y amor incondicional. Ahí aprendí que esa alegría tiene su raíz en la aceptación y en la gratitud. Aceptación que no significa acuerdo sino no lucha, no negación, no resistencia. Aceptación que no es conformismo porque el conformismo mira al futuro y la aceptación es puro presente. Aceptación que es dar lugar a la vida en todas sus formas de expresión nos gusten o no. Toda interpretación que niega o invalida se opone a la aceptación y necesita ser revisada.
Y hablando de las raíces de la felicidad hablaba también de gratitud, de aceptación y gratitud. Gratitud a la vida, gratitud a quienes nos han acompañado, gratitud en la
acepción de Jean Baptiste Massiev: la gratitud como memoria del corazón.
Si querés conocer más sobre coaching escribime a mpamies@ciudad.com.ar
Mónica Pamies
Coach Ontológico (Newfield Chile)



