La cuestión de la inflación en nuestro país es motivo de abiertos y duros debates entre el gobierno y la oposición, entre los sectores heterodoxos y los ortodoxos del pensamiento económico. La inflación es sin duda una cuestión muy discutida, pero muy poco explicada.
Por empezar, la inflación en extremo significa la muerte de la moneda. Muchas veces en Latinoamérica la implementación del neoliberalismo más salvaje no ha sido para lograr recuperar un crecimiento sostenido a largo plazo; que nunca se logró, ni de combatir la pobreza y la desigualdad; cuestión que nunca estuvo en sus planes. Sino que las sociedades latinoamericanas toleraron durante muchos años los altos costos políticos y sociales del neoliberalismo por una especial vocación estabilizadora que le devolvía a la moneda nacional su "valor" relativo (que en algunos casos cambiaron de nombre como sucedió en Argentina y Brasil).
En la actualidad existen indicadores que demuestran niveles altos de inflación, siempre hablando en términos relativos. Pero hay que destacar que el principal éxito de la política económica de Cristina Kirchner fue neutralizar (parcialmente) el efecto socialmente regresivo de la inflación, en el marco de un modelo poli clasista que benefició no solo a los sectores populares, sino también a las clases medias y a importantes sectores industriales. Esto se logró vía Asignación Universal por Hijo, aumento de las jubilaciones y la administración adecuada de las paritarias, transformando una cuestión que la oposición interpreta como técnico-económico en una acción con resultados concretos fruto de una decisión política que supones numerosos costos y enemigos.
Es cierto que si la inflación traspasa ciertos umbrales puede afectar el crecimiento económico que viene teniendo nuestro país con este modelo. Pero es difícil determinar cuáles son esos umbrales, que se suponen son entre el 10% y el 50% para los países periféricos.
Ahora bien, si tomamos los datos históricos, vemos que la Argentina logró sus mayores tasas de crecimiento entre 1963 y 1974, con 30% de inflación (exceptuando el periodo 2003-2012 con una expansión anual del 7%). Esto es bastante mejor que durante la etapa neoliberal a la cual nos quieren volver a llevar sectores de la oposición actual, donde la inflación fue mucho menor entre 1992 y 2001, pero con un crecimiento del 2,7% anual mientras que el desempleo pasaba del 6,6% al 19%. Con esto quiero decir y dejar bien en claro que en el periodo de mayor crecimiento del país fue también el de mayor inflación.
Y esto se debe a que, en primer lugar como lo reconoce el mismísimo F.M.I, en todos los países productores de materias primas la inflación va a ser alta debido a la explosión de los precios internacionales del petróleo y los alimentos, particularmente en los últimos 10 años. En suma, el aumento de los alimentos afecta en particular a la Argentina porque, como gran exportadora de este tipo de bienes, los precios internacionales se reflejan en los precios internos. Ante esto, el gobierno intentó neutralizar en la medida de los posible las consecuencias exógenas del aumento del valor de los commodities a partir de la 125, cuestión que despertó un furia totalmente reaccionaria del "campo", aunque se tratara de una medida que pudiera absorber la renta extraordinaria agropecuaria, volcarla a las inversiones en infraestructura y mejorar la productividad de la industria. Esto significaría ampliar la base productiva manufacturera, profundizando la sustitución de importaciones y disminuir la brecha entre el aumento constante de la demanda agregada que fue generada por el aumento del empleo y del salario real, y la oferta.
Y acá aparece otro problema relativo al de la inflación; la puja distributiva y la concentración de la producción en pocas manos, que sugiere el manejo sin ningún tipo de discreción de los precios ante el constante aumento de la demanda agregada.
El eficaz maneja político de la cuestión de la inflación para evitar las pugnas precio-salario entre los sectores obreros y empresariados es vital para la resolución de este problema, el cual no es de este gobierno únicamente ni de la Argentina en particular, sino que es una cuestión estructural en la historia económica Argentina y Latinoamericana.



