Charla en dos actos
Buenos Aires, (Especial de NA) -- Lugar: Lobby del Hotel Intercontinental de Buenos Aires.
Momento: Después del partido Boca - San Lorenzo, ya sin luz en, la ciudad.
Protagonistas: El Virrey, dos japoneses.
Informante: El Pollo de Lugano.
Primer acto.
El Virrey fue abordado por dos personas con rasgos orientales, que se presentaron como periodistas.
-Somos del canal 4 del Japón, anunció el único que hablaba en castellano, después de la alocución del que se expresaba únicamente en japonés.
-Mucho gusto, los saludó el correcto Virrey.
Segundo acto.
Los ponjas le aclararon al Virrey que eran hinchas del club de la ribera.
-Ah, ¿sí? Yo no, les respondió el Virrey.
Y, ya roto el hielo, le pedían una entrevista previa o bien una serie de ¨interviús¨, antes de la final Intercontinental.
Pero entonces, el Virrey comenzó a negarse y a dar explicaciones, todo con gestos ampulosos.
-No, imagínense, esto así no va. Ustedes calculen, le van a hacer una nota Nakata, la tienen que pagar; lo buscan a Schevchenko, lo tienen que pagar. Así que miren, mi representante está negociando con otros canales de Japón, entonces ustedes ya saben, les explicaba.
Y ya sobre el final vino un remate.
-Miren, Francia deja entrar productos japoneses a Francia, Japón no. La Peugeot no pudo entrar.
Epílogo.
Frase final del Virrey.
¨Negocios son negocios señores¨.
-- Reconocimiento --
Pasó en un entrenamiento de Boca, en Casa Amarilla, los días previos a la consagración.
El lugar, lleno de periodistas.
Y a las inmediaciones del campo de juego dejaban entrar sólo a los simpatizantes calificados, a aquellos que tienen algún contacto.
Algunos lo lograron y se mandaron a pedir autógrafos, relata el informante Pollo de Lugano.
En eso apareció un hincha muy divertido.
Y en el playón detectó a tres personas que hablaban con acento extranjero, del área caribeña ellos.
Uno era un futbolista, con él había una pareja.
-Vos, ¿quién sos?, le preguntó el hincha al que parecía deportista.
-Vargas, respondió el futbolista, de nombre Fabián.
-¡Varguitas!, se enfervorizó el simpatizante.
Y siguió.
-¡Tomá! ¡Esto es para vos, es un vino sanjuanino, muy bueno, muy bueno!, festejaba mientras le pedía el autógrafo correspondiente.
De no reconocerlo, pasó a comportarse como si lo hubiese visto a lo largo de toda su vida.
-- Rapidez --
El torneo hípico era rutilante.
Muchas figuras.
Primer nivel.
Equipos de todo el mundo.
Acá, en la Argentina.
Pero los extranjeros se tenían que ir.
Con horario.
Y se les iba el avión.
-A tal hora, nos vamos, avisaron.
Y eso significaba que no competirían en una prueba de ese domingo.
-No puede ser. Esperen, no se hagan problemas.
-Mire que perdemos el avión.
Más o menos ese era el diálogo, informa El Ucraniano.
Apareció el responsable de la organización y fue muy claro: ¨Ustedes se van a quedar tranquilos. Los llevo al avión, no lo pierden.
Y así fue.
Como lo prometió.
Apareció un helicóptero, bajó en el campo, los subió como estaban vestidos y los puso en la pista de Ezeiza al toque.
Si tenían que subir a un yobaca, lo hacían, ningún problema, se aclara.
Pero los matungos eran alquilados.
A buena plata, se debe aclarar.



