En la calle Estrada esquina Rawson de la ciudad de Campana y enfrente de un conocido hipermercado, se instaló un nuevo local de Sol de Mayo. A diferencia de la oferta que presenta la patisserie boulangerie de Avenida Mitre 1001, en este nuevo espacio la estrella es el pan artesanal en todas sus variantes. Así los Mestriner siguen su "historia de amor" con el pan comenzada en el Delta Campanense hace ya más de 50 años.
Cada uno de los panes, el alemán con el aporte de cerveza, el de campo con harina de centeno y trigo hecho con masa madre, la rústica ciabatta y la francesa baguette se suman a los caseritos y demás variedades.
Las facturas, los bizcochitos de grasa también conocidos como criollitos, las galletas de campo, los grisines y los chipás son especialidades que se ofrecerán en este nuevo local cuya decoración recrea la atmósfera de las bakeries de Bleecker Street en Nueva York. Las roscas de pascua y los stolen trascenderán las festividades y estarán disponibles todo el año.
En la puerta del local, un camión marca Greemon Olson con letras pintadas a mano remedando los food trucks típicos americanos podrá hacer servicios de catering a domicilio acercando una propuesta que incluye finger food (bruschetta de salmón, mini Locateli de pavita, pinchos caprese, langostinos marinados, berenjena grillada con tomate confitado y jamón crudo, croquetitas de espinaca y avena, pinchitos cerdo y ciruela, mini hamburguesa Sol de Mayo) y platos principales entre los cuales cazuelas de pollo o carne, pollo al curry, sorrentinos de cordero con salsa mascarpone con hierbas y sal de limón y postres como la créeme brulee y la pavlova de frutos rojos.
Sol de Mayo sigue fiel al concepto de excelencia y a través de sus propuestas reafirma la frase de Leonardo da Vinci "La simplicidad es la mayor sofisticación".
Acerca de Sol de Mayo:
Sol de Mayo nace en 1939 como empresa familiar con una panificadora ubicada en Berutti 486.
Tito Mestriner, nacido en el Delta Campanense y de origen italiano, aprendió el oficio de panadero 50 años atrás y en 1975 tuvo la oportunidad de comprar la panificadora en Campana. Su familia, esposa e hijos, se sumaron al esfuerzo diario de amasar el pan en la madrugada, atender al público y hacer el reparto. Años después, el negocio se ampliaba incorporando personal y las sucursales de Sarmiento y Bartolomé Mitre, a la vez que ya no era sólo el pan sino también la pastelería el camino a recorrer.
Su hijo Mauricio es el artífice del cambio de la imagen corporativa en la sucursal de Bartolomé Mitre. Con él nace el giro del concepto de despacho de pan a espacio integrador de venta y consumo del producto, el rescate de las nuevas tendencias en pastelería pero conservando la tradición de lo artesanal y recreando un cálido ambiente en el bistró.



