Entre sueños y pesadillas, vivimos nuestra vida presos de la vorágine de estos tiempos. Deseosos de paz. Temerosos de la rutina. Inconformes por naturaleza. Nos resulta fácil la esperanza pero también la desazón.
De todas maneras aquí estamos, próximos a las fiestas de fin de año, preguntándonos como fue que llegamos a diciembre, así... sin darnos cuenta.
Los balances inevitables, los rituales acostumbrados, la tristeza de algunos, la alegría de otros.
El porvenir que nos asusta pero ansiamos, porque lo esperamos mejor, sea lo que fuere que eso signifique.
Entonces, tratemos de enfocarnos en lo positivo. ¡Ya sé, no me rete! No es fácil. Pero tampoco imposible. Seguramente, si busca encontrará cosas buenas que justifiquen, que usted alce la copa y brinde por la renovación de la esperanza y de la fe.
¿Una ayuda? Estar vivo, es siempre una buena excusa para celebrar.
No importa, cual sea su creencia. Siempre creemos en algo interno o externo, que nos renueva las fuerzas y nos alienta a seguir.
Por que en definitiva, estas fiestas que a veces odiamos y otras amamos, según transitemos tierras de alegría o depresión, con la consiguiente exacerbación que dicta esta época del año, invitan a eso... a renovarse y seguir... mirando para adelante, porque para atrás ¨ni para tomar impulso¨...
Por esto, es mi deseo que la paz, la alegría y la prosperidad los acompañe en este tiempo de amor y esperanza.
En especial, para todos ustedes, con quienes desde esta columna, domingo a domingo, he compartido pensamientos, debatido y reflexionado. Coincidiendo y no. Pero sobre todo, seguros de la importancia de poner el conocimiento en pos de la dignidad del hombre, por una sociedad más justa y con mejor calidad de vida.
¡A todos... felicidades!
nanalmendra@hotmail.com



