Buenos Aires (Especial para NA, por Daniel Casal) -- ¨Si asumes que no hay esperanza, garantizas que no hay esperanzas.
Si asumes que hay oportunidades para cambiar las cosas, entonces hay una posibilidad de que puedas contribuir a hacer un mundo mejor¨.
Así se expresaba el científico social estadounidense Noan Chomsky, en una cita de uno de sus libros que viene a cuento de que a fin de este año, al parecer, se comenzó a torcer en la Argentina el destino de una batalla totalmente perdida desde hace algún tiempo: la del escepticismo y el desaliento.
Lo demostrarían el paulatino repunte del consumo, el incremento de depósitos y la aún muy tibia recuperación del crédito, sobre todo en los personales.
Cuando se habla de desaliento se habla de sociología, psicología y psicología social, pero también de economía, una disciplina muy ligada a la expectativa.
Los datos siempre fueron claros: al menor asomo de una crisis, la gente posterga consumo, los empresarios frenaron gastos, y los inversores llevan sus capitales hacia otras costas. La recesión se expande y se profundiza el ajuste, tanto en el sector público como en el privado.
La última crisis, de la que trabajosamente se está intentando salir, provocó también el fenómeno del sobreajuste, es decir que ya nadie hacía nada ante el convencimiento de que el futuro iba a ser mucho peor.
El desaliento se hizo carne y el escepticismo pasó a convertirse en una patética propiedad de los supuestamente más inteligentes.
En la Argentina de principio de siglo se convirtió en casi una ingenuidad hacer algún pronóstico alentador, por más que ese escepticismo estuviera fundado sobre bases sólidas, luego de tantas crisis y políticos enriquecidos.
Los jóvenes sólo anidaban el sueño de irse del país y en todo ámbito los ajustadores le ganaron espacios a los creativos.
La Convertibilidad tuvo mucho que ver con eso, ya que a raíz del tipo de cambio fijo se debía ajustar en forma permanente en salarios o costos, en un sistema que hace rato estaba muerto por ausencia de disciplina fiscal y la corrupción que dilapidaba los fondos públicos.
Pero, a dos años del estallido, y a paso muy lento, parece que los argentinos le comenzaron a ganar terreno a la falta de expectativa y a animan a consumir algo más.
Los que pueden ahorrar volvieron lentamente a los bancos o bucean dentro de las escasas opciones de inversión. Los bancos admiten un importante aumento de los créditos al consumo y mucho de esto se notará durante las vacaciones de verano.
Pero todavía falta bastante para la recuperación del crédito, hipotecario y el destinado a la producción, tanto por la gente que no quiere contraer compromisos de largo plazo, como por los bancos que son reacios a bajar sensiblemente sus tasas, a pesar de la abundante liquidez que hoy tienen en sus arcas.
Las necesidades urgentes.
El crédito y la inversión serán esenciales para pensar en una recuperación de largo aliento, debido a que las previsiones hablan de un buen 2004.
Primero, hay que tener en cuenta que el crecimiento de 2003 arrastrará un par de puntos para el año que viene, y que el piso de crecimiento se ubicará entre 4 y 5 por ciento.
Los más optimistas mencionan que la recuperación del año próximo rondará el 6 ó 7 por ciento anual.
También mencionan un contexto internacional favorable, con un Brasil viviendo un proceso de despegue de la economía, luego de los ajustes de los dos últimos años.
Se prevé, además, una quietud en las tasas internacionales y que los precios agrícolas seguirán altos.
Todo esto tenderá a favorecer al país, pero la voz de alerta se enciende cuando se nota que la capacidad instalada está llegando a su límite. En ese marco, será clave generar el campo propicio para las inversiones.
Acá las opiniones de los economistas se vuelven a dividir entre ortodoxos y heterodoxos: los primeros dicen que el regreso de la inversiones dependerán sólo de la confianza que traerá aparejado el cierre del acuerdo con los acredores privados.
Mientras que los segundos consideran como condición indispensable que el acuerdo no estrangule el incipiente proceso de crecimiento.
El ministro Roberto Lavagna adhiere a esta teoría, aunque admite que el horizonte se podrá ver despejado una vez que se pueda arreglar el tema de la deuda.
Por supuesto que desde este sector no se está de acuerdo con mejorar la propuesta a los acreedores, a la luz de los mejores núermos de la economía, tal como presiona ahora el FMI.
Si bien la negociación insumirá gran parte de 2004 próximo, el tema debería quedar resuelto antes de la finalización del año, porque el 2005 se comenzarán a aglutinar vencimientos y se iniciarán nuevas tratativas con el FMI por un nuevo acuerdo.
Por otra parte, para el año entrante también se prevé un mayor calentamiento de precios por la fuerza de la demanda, por la cantidad de pesos que libera el Banco Central y también por un posible aumento de tarifas.
En ese marco, el Banco Central deberá lidiar entre la oferta monetaria y la necesidad de mantener un dólar alto, como quiere el Gobierno.
Como datos positivos se pueden anotar que no habrá pujas electorales y que se encontrarán muy lejos los cambios de mandatos. Es decir que los gobernantes sólo tendrán que preocuparse en mejorar la situación del país.



