El Papa encabezó el tradicional Vía Crucis en el Coliseo romano.
"Todas las injusticias que Caín llevó a cabo contra su hermano, toda la amargura de la traición de Judas, toda la vanidad de los prepotentes y toda la arrogancia de los falsos amigos era una cruz pesada como lo es la noche de las personas abandonadas, como la muerte de los seres queridos. Pesada porque reasume toda la fealdad del mal", comenzó su discurso el papa Francisco este Viernes Santo desde el Coliseo romano tras la representación de las 14 estaciones del Vía Crucis.
"En la cruz vemos la monstruosidad del hombre cuando se deja guiar por el mal pero también vemos la inmensa misericordia de Dios, que no nos trata según nuestros pecados sino según su misericordia. Frente a la cruz de Jesús vemos hasta casi tocar con las manos cuánto nos ama. Frente a la cruz nos sentimos hijos y no objetos como afirmaba San Gregorio. Si yo no fuera tuyo, Cristo, me sentiría una criatura fragil", continuó.
"Jesús, enséñanos que el mal no tendrá la última palabra. Sino el amor, la misericordia y el perdón. Oh Cristo, ayúdanos a exclamar nuevamente", señaló.
Y concluyó: "Todos juntos recordemos a los enfermos, a todas las personas abandonadas bajo el peso de su cruz para que encuentren la fuerza de la esperanza de la resurreción y el amor de Dios".



