Buenos Aires, (Especial para NA por José Calero) Como viene ocurriendo en todos los enero de los últimos años, el de este 2004 no fue la excepción y ya comenzaron los primeros nubarrones, esta vez provenientes de Washington, para una economía argentina que trata de encontrar su rumbo.
Los síntomas de reactivación desembocaron en una curiosa paradoja para el equipo económico, ya que cuanto mayor sea el nivel de recuperación, más elevada será la porción de deuda que buscará recuperar la fila de acreedores que hace cola para cobrar tras el default.
Y en ese juego, cada uno cumple un rol definido, con excepción del gobierno de Estados Unidos, que tiene el poder suficiente para transformarse en árbitro o inclinar la balanza.
En el caso de los acreedores de los 81.200 Millones de dólares en bonos, su objetivo es afrontar las menores pérdidas posibles, ypor eso no sólo rechazaron de plano la quita del 75 por ciento que se les propuso, sino que iniciaron una operación de pinzas que aún no alcanzó su desarrollo pleno.
Esa estrategia incluye esmerilar al máximo el Registro de Acreedores que lanzó en forma sorpresiva el ministro Roberto Lavagna, y sabotearlo de tal forma que la herramienta quede prácticamente sin efecto.
La otra pata de este operativo tenazas es complicar en todos os escenarios posibles el frente judicial de la Argentina, un capítulo en el que juega un rol clave la decisión del juez neoyorquino Thomas Griesa de autorizar un juicio colectivo contra la Argentina.
En el caso del Fondo Monetario Internacional, que ya logró ser acreedor privilegiado de la Argentina y garantizarse el cobro del 100 por ciento de sus acreencias, ahora ejerce una presión indisimulada por alcanzar una mejora del acuerdo suscripto el año pasado.
En la lógica de la bucrocracia del FMI, ese acuerdo fue firmado en un escenario mucho más negativo para la Argentina, y por eso, ahora que el panorama comienza a aclarar, habría que volver a la pretensión inicial del organismo, de comprometerse a ahorrar para pagar deuda al menos un 4 por ciento del Producto Bruto, en lugar del 3 por ciento que figura en los papeles.
Pero el gobierno argentino hace una lectura opuesta y Kirchner ya avisó que cualquier mejora por encima de lo previsto irá a ¨regar al pueblo argentino¨.
Estados Unidos, el peso pesado.
Pero el rol más importante en este juego de poderes e intereses ¨duros¨ es, como casi siempre, de Estados Unidos.
El año pasado, la administración Bush jugó un rol determinante para torcer la dureza del Fondo y lograr que se apruebe, con fórceps y el último aliento, un acuerdo con la Argentina.
Ahora, los halcones republicanos que rodean a Bush, llámese el secretario de Estado Colin Powell o el subsecretario de Asuntos Hermiféricos Roger Noriega, buscan hacer valer ese apoyo en dos áreas clave.
Una es el rol que la Argentina debe jugar, a juicio del gobierno norteamericano, en el equilibrio regional de la región, y por eso la preocupación por el acercamiento entre Kirchner y el líder cocalero boliviano Evo Morales.
En la misma línea de alta política internacional, Bush quiere que la Argentina lo acompañe, o al menos se declare neutral, en la condena internacional hacia la ¨violación de los derechos humanos¨ en la isla que gobierna Fidel Castro desde hace cuatro décadas.
Y la otra es la renegociación de la deuda, que puede licuar las ganancias de cientos de inversores institucionales de Wall Street, muchos de los cuales son contribuyentes de los partidos norteamericanos, es decir, financian las campañas políticas.
Así como Estados Unidos se mostró en su momento opuesto a dilapidar en la Argentina los ahorros de los ¨carpinteros y plomeros¨ de su país, ahora parece dispuesto a minimizar las pérdidas para los fondos de inversión de su país.
En Monterrey, a todo o nada.
El gobierno pasó del ¨ganamos por nocaut¨ que Kirchner lanzó cuando lo abordaron los movileros al llegar a La Matanza, a buscar el diseño de una estrategia de mayor estatura que tendrá su prueba de fuego el martes próximo en la ciudad mexicana de Monterrey, donde se realizará la Cumbre Extraordinaria de las Américas.
Allí habrá dos encuentros paralelos que servirán para medir cuál es el pulso exacto en que se encuentra la relación entre la Argentina y Estados Unidos.
En el encuentro de fondo, Kirchner y Bush se encontrarán unos 20 minutos para abordar, se espera, al menos cinco temas clave: - Ratificación del apoyo norteamericano a la salida de la crisis argentina. - Posición de Kirchner frente al gobierno de Cuba. - Situación política en Bolivia. - Lucha contra la corrupción, el terrorismo y la defensa de los derechos humanos. - Situación económica de la Argentina y renegociación de deuda.
Y en la pelea de semifondo, el ministro Lavagna se encontrará con el titular del FMI, Horst Köhler, a quien brindará precisiones sobre la marcha del programa económico.
En ese encuentro, Lavagna aspira a lograr del mandamás del organismo una señal clara de que en pocos días el Directorio del FMI aprobará la primera revisión de metas del acuerdo con la Argentina.
De eso depende que se aclare el panorama financiero para el país, pero también que el programa económico vigente pueda seguir adelante.



