Las primeras verdaderas señales del verano que nos acompaña este año son sensaciones térmicas que asustan y las calles parecen bañarse del sudor de los argentinos. Los que todavía pueden, se dan el gran lujo de una escapadita. Al igual que años anteriores de malaria, los argentinos sufren durante los largos meses de trabajo y en los pocos días de ocio que disfrutan, buscan las maneras más recónditas de tomarse las esperadas vacaciones.
Parecerían ser estos los meses en que inconscientemente el argentino decide olvidarse de lo mal que la pasó durante todo el año. La falta de trabajo, los precios cada día más altos, la violencia en cada rincón, los ¨descubrimientos¨ de políticos corruptos, parecen ser parte de otra historia, de la que nadie se quiere acordar.
Las líneas de colectivos no dan abasto en estos días en que las terminales se cubren con largas filas de personas en busca de un pasaje. Y seguimos siendo los mismos ciudadanos los que nos damos una mano para seguir adelante, cuando nadie parece ayudar, el turismo es una buena opción para que el motor no se detenga.
Y cómo hacer si no nos desligamos por un ratito de todos los problemas que se acumulan, cómo hacer para seguir adelante con la maraña de dificultades en las que se encuentra un argentino cualquiera. Cierto que ya no estamos en aquel tipo de guerrilla en la que nos encontrábamos a fines del 2001, es cierto que las aguas se ha calmado, pero... ¿será que nos hemos acostumbrado a la rutina de estar mal? Qué triste sería, el facilismo de buscar una distracción para zafarse de la realidad que se desdibuja todos los días.
Pero los argentinos no nos conformamos con protestar, ¨hacemos la nuestra¨ también. Y la época del verano salta para ¨salvar¨ de alguna manera a los que trabajan duro durante el año, viene a dar un pequeño descanso a los cuerpos y mentes exhaustos de tantos fastidios. Y aunque sea la clase media la única con posibilidades económicas para tomarse un viajecito, corto pero agradable, algo cambia y llega un aire más aliviado al país.
Así, en estos días insoportables de calor la gente no busca sofocarse sino distraerse y sin percatarse de la importancia de los hechos, contribuye a ayudar y ayudarse en esta caravana de turismo que genera, en las costas oceánicas, en las montañas nevadas, en los cerros sedientos, en las orillas de ríos, y demás puntos extraordinarios que posee Argentina.
Una vez más, el argentino deja de esperar que ocurran milagros en esta tierra de poca suerte y mucha esperanza, y se calza los zapatos de goma para empezar con energías el año que se vuelca. Y acá vamos con una verdad que se sostiene por sí misma: ¨los hermanos sean unidos, esa es la ley primera, porque si ellos se pelean, los devoran los de afuera¨.
Soledad Elías Leguizamón
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