Buenos Aires, (NA)- El presidente Néstor Kirchner condicionó ayer en la ciudad mexicana de Monterrey el ingreso de la Argentina al Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA) a que su puesta en marcha «resuelva las fuertes asimetrías» y no lleve a la «quiebra» económica de los países latinoamericanos. «Un acuerdo no puede ser un camino de una sola vía, de prosperidad en una sola dirección.
Un acuerdo que no resuelva las fuertes asimetrías existentes no hará más que profundizar la injusticia y el quiebre de nuestras economías», remarcó Kirchner.
El mandatario argentino se pronunció de este modo al hablar ante la Cumbre extraordinaria de las Américas que ayer fue clausurada en la ciudad mexicana de Monterrey, donde fue incluido en el documento final de la cumbre un párrafo referente a la constitución del ALCA en los «plazos estipulados».
Con esa referencia, y debido a una fuerte presión de los Estados Unidos, los mandatarios americanos ratificaron la fecha del primero de enero del 2005 para la puesta en marcha del ALCA, el área de libre comercio entre Alaska y Tierra del Fuego. «Un acuerdo no puede resultar de una imposición en base a las relativas posiciones de fuerza», advirtió en su discurso -que llegó a Buenos Aires por medio de los canales de televisión-el presidente Kirchner.
El jefe del Estado ratificó así la postura del Gobierno de condicionar el ALCA y de discutirlo en conjunto con el resto de los países del Mercosur.
La administración que encabeza Kirchner insistió además en que no se integrará a ese nuevo bloque comercial si a la fecha prevista para su puesta en marcha sus condiciones no convienen a la Argentina.
Así lo pusieron de manifiesto funcionarios argentinos desde Monterrey, México, y Buenos Aires, donde el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, aseguró que el Gobierno de Kirchner no mantiene «ninguna» diferencia con Brasil por la cuestión del ALCA. «La Argentina no tiene diferencias con Brasil», remarcó Fernández, rechazando así las versiones que daban cuenta de un posible resquebrajamiento del frente común que ambos países habían acordado mantener a la hora de discutir con los Estados Unidos.
Según esas versiones, el supuesto distanciamiento entre el Gobierno de Luiz Inácio Lula Da Silva y la administración Kirchner se habría originado en una negativa de Brasil a firmar una declaración en la Cumbre Extraordinaria de las Américas si se incluía en ella alguna referencia concreta a las fechas para el ingreso al ALCA, promovida por Washington.
Las mismas versiones indicaron que el Gobierno de Kirchner había decidido firmar una declaración en esos términos, desde la perspectiva de que en ella sólo se hacía una mención en el sentido de seguir trabajando en ese acuerdo. «Cuando los reclamos argentinos también sean atendidos, entonces habrá sido el tiempo de incorporarse al ALCA, de lo contrario seguiremos discutiendo», expresó el jefe de Gabinete en ese sentido.
El jefe de Gabinete insistió además que «cualquier posibilidad» de adherir al ALCA por parte de la Argentina se dará en el marco de un «ingreso regional» por parte de los países del Mercosur y sus asociados, Chile y Bolivia.
Por su parte, el canciller Rafael Bielsa buscó dar desde Monterrey otra señal de alineamiento en materia de política continental entre los gobiernos de Brasil y la Argentina.
Bielsa compartió en la madrugada del martes un café con su par brasileño, Celso Amorim, para evaluar los resultados del encuentro que habían mantenido Lula y George W. Bush, previo a la reunión entre Kirchner y el mandatario norteamericano.



