Dice un viejo proverbio que si vas a corregir a alguien no lo hagas con el necio, pues solo lograras un nuevo enemigo. Realmente no creo pertinente corregir a las personas salvo en la faz de aprendizaje, por eso me pareció más adecuado decir que es mejor aconsejar, pero cuan en vano será intentarlo con los necios dado que su soberbia solo generara que potencien su necedad.
Y traje este proverbio a raíz de las situaciones que nos toca vivir diariamente en nuestra sociedad, y más aun en los ámbitos políticos. Hoy día la inmadurez social a generado individuos inmaduros, incapaces de emanciparse del adoctrinamiento diario mediático y propagandístico; seres que no logran entender cuál es la situación real que viven por si mismos, y menos aún el escenario que los rodeo. Entiendo que esta situación no es casual, llega a nuestros días tras haber surcado un camino generado en las últimas décadas.
Difícilmente encontremos al ideólogo o los ideólogos, porque a estos extremos se llega por una conjunción de errores en la acción y horrores en la pos acción al fallar en la corrección de los primeros. Ahora bien, deberíamos preguntarnos si esto tiene alguna manera de corrección o solo podemos agachar nuestra mirada al piso y caminar esperando sufrirlo lo menos posible.
Obviamente que hay soluciones, pero para llegar a ella debemos empezar por lograr un compromiso social serio, responsable y perdurable. Es difícil saber cómo actuar ante un necio, como contestarle, como no entrar en su juego de agresiones y descalificaciones constantes, y lo más difícil es encontrar la forma de educarlo, de aconsejarlo, de guiarlo a la senda de las virtudes que lo hagan digno de una sociedad. Es difícil intentar guiar a quien supone tener la verdad absoluta en todo momento y en toda acción que ejecuta, y más aun si ese actuar viene avalado por el poder. Y más difícil es actuar en soledad intentando mediante el dialogo abrir las puertas para que ingresen a las sendas virtuosas de pensar lo mejor para toda la sociedad y no actuar solo en beneficio propio o de algunos pocos.
Y ahí está el punto clave, y es la necesidad de una actuación colectiva para educar al necio, para guiarlo, para aconsejarlo e intentar que desista de sus acciones incongruentes e individualistas. Indudablemente estos sujetos solamente pueden ser corregidos por las acciones sociales, y en la faz política esa situación se vive cada cuatro años. Es en el acto eleccionario donde el pueblo puede explicarle a sus representantes que han sido necios en sus acciones y que no han asumido sus responsabilidades con la responsabilidad y humildad suficiente como para poder ser dignos de seguir ocupándolo. Y allí deberemos pensar si queremos aconsejar al sabio para hacerlo más sabio o al necio para que sea más necio.
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