Mientras escribo estas líneas, no paran de aparecerse en mi cabeza las imágenes del estrago del agua en Campana. Vivimos en una ciudad pujante, con trabajo, gracias a las cientos de empresas que históricamente han elegido esta zona para radicarse por sus grandes ventajas. Entonces me pregunto, ¿por qué un problema tan básico nos sigue afectando? ¿Qué diferencia de status hay entre los vecinos de Campana y los de, por ejemplo, San Isidro, partido en el que las inundaciones eran una realidad pero gracias a obras inteligentes ya son cosa del pasado?
Creo que la respuesta es clara: no tendría que haber distinciones. Todos los bonaerenses nos merecemos vivir mejor y no estar cruzando los dedos cada vez que vemos una tormenta en el horizonte. Pero parece que en ciertas zonas eso se cumple y en muchas otros no, a pesar de todas las condiciones y herramientas de las que disponemos.
Dije en la semana dos cosas: por un lado, que me producía vergüenza ver a los campanenses poner bolsas de arena en las puertas de sus hogares para evitar el avance del agua. Creo que a esta altura de las cosas no podemos permitirnos más circunstancias como esta. Me da pena ver como vecinos trabajadores, que la luchan día a día para salir adelante, lo tengan que perder todo por las inclemencias del tiempo. No se lo merecen y, sin embargo, ya están acostumbrados a que pase.
Por el otro, también expresé que no era momento de cargar tintas contra la Municipalidad: sacar ventaja cuando los problemas nos tapan y ponen en vilo la vida de cientos de vecinos es de una gran bajeza moral. Esta semana era el momento de ayudar, no de sumar votos. Desde Primero Campana recolectamos donaciones e incluso pusimos de nuestros propios bolsillos para darles una mano a varios vecinos, muchos de ellos a la deriva y rezando para que el agua escurra y los deje volver a sus casas.
El Municipio actuó bien, hay que decirlo. Desarrollo Humano se movió mucho brindando asistencia. Lástima que el momento de actuar era antes, con obras de planeamiento. Pero insisto, el agua todavía está bajando y no es el momento de sacar las culpas a flote.
Lo que si causó mi más absoluto repudió fueron las personalidades presentes "para la foto". A esos sí que nunca los había visto antes con las botas puestas, codo a codo con los vecinos y sus problemas. Es evidente que lo hicieron para subirlo después a Facebook. Como hicieron hace poco sorteos para incrementar su cantidad de seguidores. En fin: expresan lo peor de la política, el oportunismo. Atrás de esas poses y de esos "Me Gusta" no hay nada, ustedes lo saben bien.
Finalmente, después del temporal, ¿qué queda para el futuro? Reflexionar. Prever. Necesitamos obras de planificación, que demuestren un plan estratégico de desarrollo. SON OBRAS QUE VAN POR DEBAJO DE LA TIERRA, ESAS QUE NO SUMAN VOTOS PORQUE POCOS LAS VEN. Pero que harán que la próxima vez que diluvie, no pase nada. O pase algo en una escala mucho menor.
Creo que ese día está más cerca. Lo sé porque ustedes me lo dicen en la calle. ESTAMOS CANSADOS DE VIVIR DE ESTA MANERA. NOS MERECEMOS OTRA CIUDAD, A LA ALTURA DE SUS AUTÉNTICAS POTENCIALIDADES. Queremos cambiar, y lo más increíble es que no tenemos grandes pretensiones. Queremos vivir en una ciudad tranquila, segura. En una Campana con buenas escuelas, con chicos con futuro, lejos de las drogas y la delincuencia.
Queremos vivir, por caso, en una ciudad en donde una lluvia solo signifique un paraguas y un día gris…
Carlos Cazador
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