Buenos Aires, (Especial para NA, por José Calero)- Mientras el gobierno argentino aún no logra encausar la renegociación de la deuda, ya comenzó a hilvanar una estrategia que le permita enfrentar en mejores condiciones el tira y afloje con los tenedores de bonos.
El término clave en este juego de intereses se llama «masa crítica», y empezó a sonar fuerte en los pasillos del Palacio de Hacienda para resumir una operación de pinzas que cobrará forma en las próximas semanas.
Como antecedente, el ministro Roberto Lavagna ya explicó que el gobierno pretende determinar con claridad quiénes son sus interlocutores a la hora de sentarse a negociar. «Quien se siente a negociar sabe que lo está haciendo con el gobierno argentino, y el gobierno necesita saber quién está del otro lado de la mesa», explicó Lavagna con su lógica blindada, mientras le llueven reclamos desde el exterior.
En medio de esa estrategia, Economía diferenciará a los acreedores en tres categorías: los fondos «buitres» (entusiasmados con la idea de que no haya acuerdo y que todo derive en un gigantesco juicio), los fondos de inversión y bancos (más interesados en acordar una renegociación «racional») y los minoristas, muchos de los cuales se agruparon detrás de los estudios de abogados de menor porte.
La estrategia argentina apunta a sumar voluntades entre los fondos de inversión, los bancos y los tenedores de deuda argentinos, de tal manera de alcanzar una «masa crítica» que le permita fortalecer su posición en la reestructuración propuesta.
Esa «masa crítica», que algunas fuentes del mercado ubican alrededor del 60 por ciento del total a renegociar, le permitiría a la Argentina torcer la resistencia de algunos «fondos buitres», que se sumarían a la negociación, mientras que el resto debería ir a juicio e intentar cobrar en los tribunales.
La negociación con esa masa crítica de acreedores se realizaría teniendo en cuenta el «valor presente hoy» de los bonos, y habría un menú de posibilidades, desde bonos a largo plazo con mayores intereses, hasta títulos más cortos, pero casi sin devengar renta adicional.
En promedio, esto permitiría respetar la propuesta de quita que ronda el 75 por ciento de la deuda, de acuerdo con los cálculos que realizan técnicos de Economía. Al resultado exitoso de esta estrategia tiene apostadas casi todas las fichas el ministro Lavagna.
La ‘Armada’ española.
La incursión por España le dejó al gobierno de Néstor Kirchner la sensación de que la Argentina empieza a ser respetada en el mundo.
También le permitió comprender hasta qué punto es sólida la alianza entre ese país y los Estados Unidos, ya que escuchó de boca de Aznar expresiones calcadas de las que había oído de Bush en México, en lo que hace a la visión del mundo, en especial la lucha contra el terrorismo y el modelo de desarrollo económico.
El respeto que se va ganando el gobierno parece surgir de su decisión de mantener a pie firme sus posiciones en temas clave, como la renegociación de la deuda, y decir su verdad en cuanto foro le toca participar.
Quizás por esa actitud, en España recibieron esta vez a Kirchner con los brazos abiertos y hasta promesas de inversiones, pocos meses después de que los mismos interlocutores lo trataran con cierta frialdad y desconfianza.
El escenario internacional aparece inmejorable para la Argentina, con sus materias primas cotizándose a muy buen precio en los mercados mundiales, una tasa de interés internacional muy baja y ganando competitividad para su industria.
Pero el sentido común parece recomendar que tanta euforia no debería ocultar otras «asignaturas pendientes» que enturbian el horizonte.
Políticas activas.
Estas otras «asignaturas pendientes» no guardan relación directa con los pedidos que llegan desde organismos multilaterales, fondos de inversión y tenedores de bonos.
Están más vinculadas con la economía real, y con cómo la Argentina aprovechará esta coyuntura favorable para contribuir con «políticas activas» al desarrollo de un modelo industrial y productivo.
Desde su inicio, el gobierno se preocupó por paliar la grave crisis que afecta a más de cuatro millones de familias que viven casi en la indigencia.
A través del programa «El hambre más urgente», que pilotea con mano dura la hermana presidencial y ministra, Alicia Kirchner, ya son más de 11 millones de personas las que reciben los alimentos indispensables para sobrevivir.
El programa se complementa con el plan de entrega de medicamentos gratuitos para madres y chicos, capitaneado desde el ministerio de Salud a cargo de Ginés González García.
Pero en el gobierno hay conciencia de que si bien las políticas sociales son un paliativo indispensable, la Argentina saldrá del atolladero -»infierno» lo llama el propio Kirchner- con inversiones y un crecimiento sostenido de su industria.
Por eso Lavagna viene siguiendo de cerca los movimientos de las áreas de su gabinete vinculadas con la producción. Y hay quien sostiene que el ministro estaría buscando más acción, por lo que en las próximas semanas habrá una serie de movidas que incluyen el lanzamiento de un nuevo tramo por 60 millones de pesos del Fondo Nacional Pyme, más otros 20 millones que se destinarán a pesca y turismo.
Además, el Banco de la Nación, el BICE y la Subsecretaría Pyme trabajan en una iniciativa para «unificar toda la oferta crediticia» que tiene el gobierno, de tal forma que haya una acción coordinada para apoyar financieramente el desarrollo productivo.
Como se vio en las últimas semanas, habrá una tarea más decidida en materia de negociación del comercio exterior, con el fin de evitar cualquier avalancha de importados de la mano de la reactivación incipiente que muestra la economía.
Es que el principal intríngulis que tiene ahora el gobierno es cómo potenciar el crecimiento esperado para este año, que la mayoría de los analistas calcula en un piso del 4 por ciento.
Existe una percepción en los sectores que toman decisiones en materia de inversión de que la Argentina aún carece de una política industrial consistente.
Los más duros hasta sugieren que esta es una «convertibilidad a tres pesos».
Pero cerca de Lavagna explican que el ministro está totalmente decidido a rebatir semejante crítica, y que tiene varios ases en la manga para demostrarlo.



