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jueves, 04/jun/2026 - 11:54
 
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» Este artículo corresponde a la Edición del sábado, 31/ene/2004 de La Auténtica Defensa.

El derecho al pataleo




Buenos Aires (especial para NA por Pepe Eliaschev) -- Lo que los irrita es la astucia. Los saca de quicio que tanta recuperación suscite vanagloria antes que circunspección. No tienen derecho a esa fresca felicidad, dicen los acreedores, cuando le arruinaron la vida a tantos tenedores de bonos.

La replica local es contundente, pero no liquida el conflicto.

No mentimos, reza la respuesta. No ofrecemos imposibles, añaden.

No queremos seguir prometiendo lo que después no podremos cumplir.

A partir de ahora, y con ustedes como afectados directos, este país hará primero lo que pueda, y después lo que digan los textos de contratos que, por otra parte, habrá que inspeccionar para ver si son legítimos, concluyen.

Así estamos, en un país donde se ha producido este milagro insólito de un consenso demoledor en torno de la figura del Presidente.

España y el Fondo Monetario Internacional vienen de darle a Néstor Kirchner una semana de holgura. El problema es que, cuando hay tantas buenas noticias de este tipo, y todas vienen de afuera y se producen una tras la otra, hay riesgo de que el paciente, previamente catalogado como ¨terminal¨, ingrese en una burbuja de optimismo con pies de barro.

Es absurdo predicar que Marte es inalcanzable después de los paseos de los robots norteamericanos. De igual modo, tampoco puede negarse que al Presidente le fue bien en Madrid, donde eliminó rispidices ideológicas de su relación con el exitoso José María Aznar.

Y no es un invento tomar nota de que el Fondo sigue acompañando el programa argentino de retorno a la normalidad por mayoría, aunque un puñado de capitalismos nacionales con intereses sólidos exhiba su enojo con este país.

En la reunión de esta semana en la cual el Fondo aprobó la llamada ¨revisión de las metas¨ del convenio entre la Argentina y el organismo, decidieron abstenerse (o sea, no aprobar lo hecho por Kirchner) nada menos que Gran Bretaña, Japón, Italia, Suiza, Holanda y Austria. Dijeron que sí, en cambio, Estados Unidos, Alemania, Francia, Canadá y España.

Los 11 países integran el directorio del Fondo, donde Washington y Berlín son, de hecho, primeros entre sus pares.

¿Alegría desaforada, entonces, para la Argentina? Conviene hablar, mejor, de una muy buena noticia que seria inteligente no sobreestimar, ese viejo y arraigado vicio argentino.

Los ¨amigos¨ de la Argentina levantan el pulgar, pero hurgan, impasibles, en heridas todavía horribles. Piden, entre otras cosas: a) aumento de tarifas en los servicios públicos, b) achicar el sistema bancario, c) pagar los intereses devengados por 81.200 Millones de dólares en bonos en default de manera ¨colaborativa, comprensiva y sustentable¨.

Las razones de este tríptico de metas ideales se relacionan con los intereses principales cuya integridad preserva el Fondo: las empresas privadas que operan los servicios públicos argentinos (tarifas), los bancos extranjeros (achicar el sistema es beneficiarlos a ellos) y acreedores privados (para los que se pide una quita mucho menor que la ofrecida por la Argentina).

¿Habrá sido, entonces, adrede que Kirchner abrazo en España la cuestionable causa de los emigrados argentinos, como una manera de encarar los temas económicos con alguna baraja alternativa?

El Presidente nos tiene acostumbrados, en sus actuaciones internacionales, a ciertas conductas un poco reactivas y -a veces- improvisadas, pero ni su más acérrimo enemigo se animaría a insinuar que es un necio que anda diciendo tonterías.

España, es evidente y de rotunda demostrabilidad, no cambiara de inmediato nada esencial de su criterio sobre migraciones externas. ¨No es la Argentina, estupido¨ debiera haber recordado alguien a la Casa Rosada, como rezaba la famosa frase de los asesores de Bill Clinton cuando este pujaba por la presidencia norteamericana y no encontraba adecuado leit-motiv.

Es una cuestión gruesa y decisiva: a distancia de bote de las playas andaluzas, se halla el Africa islámica, en esencia Marruecos, pero también desde esa cabecera se proyecta el fantasma corporizado de las oleadas humanas que provienen del Mediterráneo oriental.

Si Madrid les concediera a los argentinos un status especial, ¿que hacer con los todavía mucho más numerosos ecuatorianos, colombianos y peruanos? ¿Y con las decenas de miles de miserables que siguen intentando desembarcar desde el Maghreb y que no quieren emigrar a un país islámico sino a una de las joyas de Occidente?

Kirchner, sin embargo, pareció comprar la idea de proyectarse como campeón de una tesis harto discutible, de acuerdo con los cual los emigrados del periodo 2001-2002 serian ¨exiliados¨, perjudicados a los que corresponde tratar como las victimas de la dictadura militar de hace 25 años. Ahí reside una de las debilidades del Gobierno, todavía poco visible: en ocasiones, el Presidente se aproxima a problemas complejos con una mezcla de emotividad y cierta simplificación.

Como era previsible, España esta interesada en sus empresas en la Argentina y en materia de trato a emigrantes ilegales, dicen y hacen lo que tienen que decir y hacer en función de sus intereses: aplicamos la ley, no nos pidan otra cosa.

¿Es el de Kirchner, pues, un idealismo pragmático?

Es evidente que al Presidente Aznar, que dentro de 45 días concluye ocho años de un gobierno que ha tenido éxitos políticos descomunales y con la casi segura continuidad de su Partido Popular (conservador) en el poder, el argentino lo trato como corresponde, con ponderación y prudencia, sin arrebatos ni desubicaciones. Pero conviene recordar que Aznar es un hombre de derecha pura y dura, un neofranquista de una sola pieza, amigo favorito de George W. Bush y responsable político del envío de millares de soldados españoles al Iraq ocupado por los Estados Unidos y Gran Bretaña.

Así son las cosas: no hay pragmatismos malos y pragmatismos buenos. Pudiera deducirse, de aquí, que a la Argentina no le convienen ni los tonos altos, ni las afirmaciones perentorias. Es una época donde es preferible la sutileza y la mesura, que no son enemigas ni de la firmeza ni de la claridad.

En el día a día, la Argentina sobrevive y se recupera de manera indudable, pero las bases siguen siendo tan exiguas y los fundamentos del actual momento tanto tienen que ver con decisiones de ultramar, ante las cuales el Gobierno tiene muy limitada incidencia, que no parece sensato sobredimensionar nada, ni siquiera las esperanzas.

Tiene, en cambio, mucha razón el Presidente en sostener la necesidad de seguir levantando la autoestima nacional, pero no debe olvidarse que la Argentina a menudo se embriaga con la montaña rusa que la lleva de la falsa gloria a la abyeccion más impresentable.

Es tiempo de ajedrez, ahora. Se trata de un juego milenario y endiablado, afrodisiaco pero engañoso. Exige ciencia, si, pero sobre todo una capacidad muy determinante: sobre el tablero una jugada exitosa puede preceder un jaque ruinoso. También es posible que sacrificar un alfil puede significar digerirse la reina adversaria. Ajedrez, entonces: prever una larga y concatenada serie de movimientos, cada uno de los cuales tiene vinculación con los otros, en series a menudo imprevisiblemente largas.

El caso Pontaquarto es un ejemplo ostensible: sinvergüenza profesional, ahora se sabe que la revista semanal que presento la ¨primicia¨ sobre los supuestos sobornos, le pago textualmente 18.000 Dólares por la mercadería, con mas los costos del servicio judicial del siempre ubicuo estudio Wortman Jofre-Isola (ex Moreno Ocampo).

El juez Rodolfo Canicoba Corral proceso a cuatro imputados, es cierto, pero ¿podrá demostrar la veracidad de sus imputaciones? No se trata de una inquietud menor; la Argentina ha construido a menudo enormes dislates sobre la base de decisiones emocionales en las cuales el entusiasmo juvenil de ciertas proposiciones no resistía un análisis para el que se requiere cuidadosas consideraciones y, sobre todo, espesor de profundidad.

La amargura por las dilaciones insufribles motivadas por la morosidad desesperante y las gravísimas falencias del gobierno de Fernando de la Rua, inauguraron una era nacional, ya menos virulenta hoy pero aun vigente, caracterizada por el amor a la desmesura y la fascinación por los gestos ampulosos.

Los tiempos vienen cambiando. Las cosas se fueron dando mucho mejor de lo que nadie había imaginado. Pero lo más difícil sucede cuando se sale del coma cuatro.

Confrontada ahora con su retorno a la vida, la Argentina tendrá poco derecho al pataleo.


 
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