Esta es una historia africana, viene de Togo y trata acerca de la forma, una , de adquirir y repartir el conocimiento:
La araña, que se llamaba Yeví, había sido considerada durante mucho tiempo el sabio de los sabios, el gran genio del pensamiento. Pero, a medida que pasaban los años y que la araña observaba con mucha atención las obras del mundo, se sorprendió del extraordinario progreso de la inteligencia de los hombres y del resto de los animales.
¨Uno de estos días- se dijo- serán inteligentes como yo y me quitarán el sitio.¨
Se procuró una especie de pequeña cantimplora y empezó chupando y extrayendo, a quitarle la inteligencia y el conocimiento a todas las criaturas vivas. Y también el instinto y la imaginación, la reflexión. Hizo entrar todas aquellas facultades en su cantimplora, la cerró con mucho cuidado y la aseguró con una cuerdecita
Entonces buscó un sitio donde esconder aquel tesoro incomparable
¨ ¿En el agua?.¿ Bajo la tierra? No, más bien allí arriba en la copa de ese gigantesco árbol.¨
Se pasó la cuerda de la cantimplora alrededor del cuello y empezó a trepar agarrándose al tronco del árbol con las patas. Pero la cantimplora era tan pesada que no paraba de balancearse y la araña volvía a caer al suelo. Una vez, dos veces, tres veces, la araña siempre caía. Pero a pesar de su dolor, se obstinaba en su intento.
Entonces, en la copa de aquel árbol, se puso a cantar una tórtola. Y la araña, que conocía el secreto del canto de los pájaros comprendió que la tórtola le decía lo siguiente:
-¡Pónte la cantimplora a la espalda! ¡ Pónte la cantimplora a la espalda!
La araña se dijo: ¨ Esta pobre tórtola tiene razón. A pesar de ser una simple tórtola y de que la haya vaciado de su inteligencia, tiene razón. Es más inteligente que yo. Sin lugar a dudas. Me avergüenzo de mi orgullo, de la idea que tenía de mí misma y de mi poder.¨
La araña soltó la cantimplora, que se abrió al caer. Todo el conocimiento liberado se extendió por el aire y llegó a las otras criaturas.
Y la tórtola, cantando desde la rama más alta le dijo a la araña:
- No hay nadie que no conozca nada, y no hay nadie que lo conozca todo.
Lic. Patricia Katz. Lic. Sebastián Terrizzano.
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