Buenos Aires (Especial de NA por Martín Hermida) -- El miedo a que la polémica por las tarifas de los servicios públicos privatizados y los reclamos empresarios se colaran en la gira presidencial por España y se convirtieran en un dolor de cabeza quedó finalmente sepultado y el Gobierno pudo traer de Madrid las valijas casi repletas de elogios y buenos signos, aunque haya algunos temas, como el de los inmigrantes argentinos ¨ilegales¨ fincados allí, que quedaron, por el momento, lejos de una solución.
Tras la visita a Madrid, en la columna del haber el presidente Néstor Kirchner pudo anotar el aval público y notorio que le dio el jefe de Gobierno José María Aznar, el convenio firmado entre el Ejecutivo, la Unión Industrial y la poderosa Confederación Española de Organizaciones Empresariales para incrementar los negocios y el flujo de dinero entre una y otra costa, y la promesa de los empresarios no sólo de mantener sus inversiones en tierras argentinas, sino también de incrementarlas.
Mientras tanto, en la columna del debe, el Presidente tendrá que anotar un tema que la propia delegación había incluido en el temario de las conversaciones forzada por un reclamo social: el de la situación por la que atraviesan entre 80 mil y 120 mil argentinos que residen ilegalmente en España, y que ahora se vio agravada por el endurecimiento de la legislación vigente en la península.
¿Cuál fue, a juicio de los hombres del Gobierno, el objetivo principal del viaje? Mostrar un país con un escenario diferente al de hace apenas un año, con un crecimiento del 8 por ciento, un aumento de las importaciones y un incremento en la recaudación, y que por eso mismo se ofrece como tierra fértil para que lleguen ¨muchas inversiones¨ de manos empresarias.
Y si se concuerda en que ese fue el planteo central, el
objetivo parece haber quedado cumplido.
Un miembro del Gabinete y un legislador que integraron la delegación argentina coincidieron en un mismo ejemplo para referirse a lo que consideraron como conclusión de la gira: compararon esta visita, y lo que el Presidente y sus ministros escucharon de boca de Aznar, con la que realizó Eduardo Duhalde cuando estaba en la Casa Rosada y hacía poco tiempo que se había hecho cargo de un barco a la deriva.
Aquella vez, el jefe de Gobierno español, a la sazón representante del grupo de países más industrializados, le señaló a Duhalde lo bien que veía España que Argentina saliera del infierno, pero le recordó, con firmeza, que sin un acuerdo con el Fondo Monetario la puerta de emergencia iba a quedar clausurada para siempre. Algo así como una sutil presión.
Ahora, en público y después de la reunión con Kirchner, Aznar alabó ¨los éxitos y la recuperación de la economía argentina en los últimos meses¨ y sostuvo que frente a los compromisos internacionales que debía cumplir, el país ¨cumplió¨.
Claro que también dejó un mensaje para quienes pudieran leerlo, cuando señaló, casi a renglón seguido, que se espera que ¨se pueda mantener este proceso consolidando la credibilidad internacional y la recuperación de la confianza en el país¨.
De cara a lo que sucedió en España, en el Gobierno se mostraron casi exultantes: ¨Ahora nos empiezan a tomar en serio -aseguró un funcionario cercano al Presidente- porque ven que los compromisos que se asumieron se van cumpliendo¨.
¿Le cambiará la vida a la Argentina un apoyo contundente del empresariado y del Gobierno español, que de hecho está terminando su gestión, aunque aspira a una continuidad con el candidato del Partido Popular para las elecciones de marzo próximo? Al menos contribuye a abrir una ventana en la búsqueda de ese logro que parece tan difícil, lejano e intangible: la credibilidad internacional hacia un país que tocó fondo y que aún está en default con miles de acreedores privados.
Volviendo sobre la columna del debe, quedó en un compás de espera para los próximos 90 días la cuestión de los ciudadanos argentinos que residen en forma ilegal en España, y que se potenció antes de la llegada de Kirchner a Madrid por el caso de un parrillero detenido y a punto de ser deportado.
En un principio se había consensuado la puesta en marcha de una comisión mixta que en realidad debería haber empezado a funcionar hace tiempo para tratar de buscarle la vuelta a la cuestión. Pero como la medida parecía más cercana a los fuegos de artificio que a otra cosa, se resolvió cambiar el eje y comenzar con reuniones a un nivel más alto, durante 90 días, para analizar ¨caso por caso¨.
Las dos partes dejaron en claro que no habrá ¨amnistía¨ para quienes no estén en regla y desde España ratificaron que no abandonarán su legislación. Eso promete una negociación difícil.
El propio canciller reconoció que una eventual solución para quienes ya están en aquellas tierras no será nada fácil y admitió que, de ahora en más, debería adoptarse una regla: no más viajes de ¨aventura¨ sin contar con un contrato previo que asegure un trabajo.
De hecho, la Ley de Extranjería que fue reglamentada en diciembre pasado y que rige en la península señala en uno de sus puntos que para obtener la residencia, quien quiera radicarse tendrá que tramitar un permiso de trabajo en el consulado español en su país. Algo que para quienes ya están allá es prácticamente imposible.
Las fotos, los encuentros privados, los gestos de apoyo y las muestras de solidaridad que cosechó la delegación argentina en estos últimos días le dieron una bocanada de aire fresco al Gobierno. Habrá que ver si es posible que esa brisa se convierta en un viento capaz de empujar la nave hacia puertos más seguros.



