Todo se ha tornado tan mediático que es muy difícil detectar la espontaneidad, de una operación armada
Cuando en 2004 el Dr. Alberto Nisman fue nombrado por Néstor Kirchner como Fiscal Especial para la causa AMIA, muy poca gente podía imaginar que diez años después, su muerte, iba a generar una movilización de cientos de miles de personas que casi lo identifican como un mártir de la Democracia y de la Justicia.
Mucho menos si, en medio de este período, la investigacion del mayor atentado realizado en tierras argentinas (según el relato periodístico) estuviera a la deriva, casi en situación de "naufragio", sin pruebas fehacientes para avanzar hacia el esclarecimiento.
Nisman concentró un poder casi ilimitado: recursos económicos, casi cincuenta personas a cargo, los servicios de inteligencia del país, la colaboración de los servicios de inteligencia internacionales (CIA y Mossad sobre todo) y todo el apoyo de las entidades Judías en Argentina.
En medio pasó el Juez Galeano y sus coimas, un coche bomba inexistente, testigos presenciales que hablaban de una explosión desde dentro de la Mutual... Nada pudo cambiar el sentido de la investigación que siempre tuvo como norte a la participación de Irán en el atentado, involucrando a la mismísima Cancillería de ese país.
Año tras año, el accionar del hoy ya famoso fiscal, fallecido en una situación al menos dudosa, sirvió para que la verdad, la real verdad, esté totalmente oculta. Porque hay una verdad que el pueblo judío no quiere saber o que al menos intenta no esclarecer, y les es mucho más fácil dejar la responsabilidad de todas las muertes de AMIA (todos ciudadanos argentinos) en manos de los iraníes.
El atentado a AMIA ocurrió sólo 13 días después que Yaser Arafat regresara de su exilio a su pueblo, Palestina; gracias a la valentía del presidente de entonces de Israel, Isaac Rabin; que buscaba pacificar la región. Poco tiempo después, el mismo Rabin perdió su vida en un magnicidio realizado por un Judio, Yigal Amir, de 28 años, estudiante universitario quien nunca se declaró arrepentido por el asesinato, al contrario, expresó que debía detener a Rabin, quien quería entregar territorio a los Arabes.
Entre el 1ro de Julio de 1994 y el 4 de noviembre de 1995, dia en que ocurrió el magnicidio de Rabin, hubieron también otros atentados similares a la AMIA: 22 muertos en el autobús de línea 5 en Tel Aviv, (19 de octubre de 1994); 21 muertos en el doble atentado de Bet Lid, (22 de enero de 1995), entre otros. Cada hecho alimentaba la creciente oposición de la derecha israelí a las sucesivas retiradas y concesiones a los palestinos; y las discrepancias entre las partes acerca de la implementación de los acuerdos.
Muy difícil allá por 1994 darse cuenta de todo esto. Pero hoy, a la distancia, todo es tan claro, que no querer verlo es como intentar tapar el sol con las manos.
En 2006, Jorge Lanata escribía en Perfil:"En verdad, y para ser exactos, no se trata de Nada Absoluta: hay operaciones de los servicios e inteligencia, de la Policía, de gobiernos extranjeros, estupidez de jueces y fiscales, corrupción, gestos miserables y después nada. La misma nada presente en las ochocientas y una páginas del dictamen del fiscal Nisman, nada ratificada por el juez federal Canicoba Corral", en una investigación realizada a la que el llamó "Tocala de nuevo Nisman"; donde deja al descubierto como el fallecido fiscal (hoy casi mártir), había utilizado todos los recursos disponibles del Estado para generar un escenario enlodado, donde la verdad esta totalmente invisible y se empecinaba en mantener firme la acusación sobre 22 iraníes, algunos de ellos diplomáticos, quizás bajo el concepto de "obediencia debida".
Este mismo fiscal, inmerso en un escenario enrarecido donde espías y contra-espías se jugaban mucho ya que era intención del gobierno de CFK (utilizando a Parrilli como "punta de flecha") descabezar a la SI (ex SIDE), rompió primero la tranquilidad tácita de enero en Buenos Aires, disparando una acusación firme contra la Presidente Cristina Fernandez, el canciller Hector Timmerman y un grupo afin al gobierno (muchos de ellos impresentables y obsecuentes), para justo un día antes de declarar ante el Congreso de la Nación sobre las implicancias de la denuncia, terminar muerto en su departamento de Puerto Madero, de manera muy poco clara...
Sin embargo, aún respetando al fallecido y su familia, a mi me queda claro que este Nisman, encontrado en un charco de sangre, sin vida, en el baño de su dpto. con una bala en su cabeza, era el mismo que durante muchos años hizo del Poder un estilo de vida y a traves de WikiLeaks (cables secretos del Departamento de Estado norteamericano), quedó desnuda la relación estrecha del fiscal con la embajada de Estados Unidos, que lo llevó muchas veces a anticipar sus pasos en el expediente con los diplomáticos.
A mi me queda bien claro quien fue Nisman, y ninguna operación mediática va a poder cambiar mi forma de pensar.
Por eso, con tranquilidad puedo decir, sin sentir ninguna culpa: Yo no soy Nisman ni quiero serlo.
FERNANDO ANDRIOLI



