Sabemos que una gestión de gobierno, sea municipal o provincial, debe pensar en una planificación educativa acorde al contexto actual de enseñanza. Entendiendo por "contexto actual de enseñanza" aquel que se compone de los siguientes factores: (1) las características propias del sujeto que aprende y de la comunidad a la cual pertenece (jóvenes más dinámicos); (2) características del entorno psicoafectivo (entorno más cercano e inmediato) de los jóvenes, y características del entorno local o regional (entorno más amplio) en el cual se inscribe la población joven (economía regional y proyección laboral local); (3) el perfil del docente que se halla frente al curso.
Entendemos, también, que en una planificación educativa debemos pensar tanto en cuestiones de infraestructura (que hacen a la comodidad y al ambiente propicio para llevar adelante el proceso de enseñanza- aprendizaje) como en cuestiones de contenido que hacen a la calidad educativa. Y cuando hablo de "calidad educativa" me estoy refiriendo -en primer término- al hecho de tratar de brindarle al sujeto que aprende las mejores herramientas posibles para poder desarrollar en el futuro una actividad laboral con éxito; en segundo término, incorporar el concepto de "exigencia pedagógica" y "responsabilidad" para que los chicos adquieran el hábito de estudio desde el inicio de la vida escolar. Esto último supone, desde mi óptica, educar en valores. Valor por el esfuerzo, valor por el estudio. Sin exigencia no podemos hablar de educación en valores y no podemos hablar de "calidad educativa". Insisto, necesitamos una escuela exigente.
Por otro lado, desde mi óptica considero que la actividad específicamente académica y los saberes específicamente vinculados al mundo de la cultura son fundamentales en la vida de los niños y jóvenes en la medida que tengan como objetivo: (1) ampliar la mirada del mundo que los rodea; (2) que ese contenido académico y/ o cultural sea una herramienta para crear mejores personas y que, a su vez, sirva de recreación; (3) inculcar valores a los niños y jóvenes.
En este sentido, cabe citar las palabras del filósofo francés Gilles Deleuze, que en una conferencia brindada en el año 1987, ya Gilles Deleuze nos anticipa que la escuela -en tanto sistema de control, sociedad disciplinaria- es un lugar de discusión permanente, y que las sociedades disciplinarias no son eternas. El problema que surgirá dentro de 40 ó 50 años (tengamos en cuenta que la conferencia data del año 1987) es que sólo se desarrollará el tema de la profesión y la escuela a la vez, prescindiendo de los medios de reclusión; es decir, prescindiendo de la institución educativa en un contexto cerrado. Esto significaría que se trabajará, en un tiempo futuro, el tema de la profesión y la escuela en un contexto de trabajo o un contexto de enseñanza- aprendizaje abierto; esto es, al aire libre y no de reclusión.
Por lo antes expuesto, considero que la concreción de una segunda escuela técnica es una decisión más que acertada y felicito a quien hoy conduce nuestro municipio, Sra. Intendente, por ponderar dicha implementación en nuestra querida comunidad.
Ana Carolina Erregarena
Licenciada en Letras (UBA, 1999)
Profesora de Enseñanza Media y Superior en Letras (UBA, 2002)
Especialización en Lingüística



