El viejo río Paraná marcó siempre el ritmo de vida de quienes deciden transitar sus aguas y habitar sus islas. Cuerpo colectivo poblado por soledades, de naturaleza intempestiva, él define un tiempo propio para el isleño, muchas veces ajeno al de continente. Las islas de Campana, y su musculatura de arroyos y canales, no escapan a este misterio. La fotografía y la palabra dialogan con este concepto tan propio de cultura, geografía, economía y sociedad, y también se tornan intempestivas, como asediadas por la creciente, difusas entre el tiempo y el espacio. Queda trazada una cartografía imprecisa; un mapeo de lugares, personas y sentimientos, articulado con un análisis socioeconómico del sector que aborda problemáticas locales ligadas a una geografía tan propia, inmersa en la coyuntura económica nacional.
Matías Barutta
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