La estrategia más adecuada para controlar el estrés navideño y evitar que se desgaste y agobie, depende de la actitud con que se afrontan estas fechas. Faltan 12 días pero hay que estar tranquilos para hacer bien las cosas.
Diciembre suele ser ´mes de estrés´, se escribe con "D" de desborde emocional y desgaste nervioso, porque aunque la cercanía de las fiestas de Navidad y Año Nuevo traen alegría, también se vive y percibe prisa. Las famosas compras y regalos navideños, preocupación por inseguridad y riesgos de robo y asaltos y por último, los traqueteos por terminar bien y a tiempo las actividades en el colegio, la universidad y el trabajo cansan y perturban.
Además, esta época recuerda a las personas sus problemas económicos, la lejanía o muerte de seres queridos, las rupturas amorosas y los objetivos no logrados, se tiende a visualizar más lo que no se tiene. El riesgo de estrés, frustración y depresión es mayor.
Las personas perfeccionistas creen que las cosas deben salir siempre redondas, y cuando esto no sucede se sienten mal y se muestran hostiles contra ellas mismas y quienes les rodean. No admiten ningún fallo y se disgustan por pequeñeces que, a otras personas, les pasan inadvertidas. Todo eso consume mucha energía física y emocional.
Socializar es una importante parte de las fiestas de Fin de Año, pero para muchas personas que sufren ansiedad social o sienten timidez en las reuniones festivas, resulta una fuente de estrés.
Es preferible antes de hacer listas de tareas y compras y de preparar presupuestos, hay que decidir qué podemos hacer y qué no, de forma realista, ya que abarcar demasiado puede ser estresante y extenuante.
Todo eso, sumado a la habitual lista de tareas y compromisos que llenan la agenda día a día, acelera la vida y crispa los nervios. Hay que aprender a convertir el estrés en nuestro aliado.
El esfuerzo es grande, pero se hace más llevadero si va dirigido hacia algo que tiene un verdadero sentido positivo.



