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» Este artículo corresponde a la Edición del sábado, 13/mar/2004 de La Auténtica Defensa.

El poder de las presiones externas




Buenos Aires, (Especial de NA por Martín Hermida)- Mientras los ojos del mundo se posaban sobre España y los sangrientos atentados registrados en Madrid, aquí, al llegar a su fin una de las semanas más agitadas de los últimos meses, se fortalecía cada vez más una realidad que ya había comenzado a delinearse hace tiempo: las presiones provenientes del exterior son cada vez más feroces y amenazan con seguir ¨in crescendo¨ a medida que avance el calendario.

Y es en el contexto de las durísimas negociaciones con el Fondo Monetario y el trabajoso acuerdo que evitó caer en un nuevo default que quedaron más al desnudo que nunca esas mismas presiones, las cuales, a juzgar por el panorama que se abre de ahora en más, parecer terminar siendo efectivas para quienes las ejercen.

Por eso mismo, ante la crudeza del accionar de Estados Unidos o de los demás países del G-7 (el grupo de naciones más poderosas del mundo), es que el Gobierno argentino -no sólo frente al tema de la deuda- parece haber elegido el camino de recostarse sobre el respaldo de los socios más cercanos, en especial de Brasil y de los otros integrantes del Mercosur.

Allí se inscriben la cumbre que mantendrán los presidentes Néstor Kirchner y Luiz Inacio Lula Da Silva el martes próximo en Río de Janeiro, donde intentarán avanzar en su propuesta de mantener una estategia ¨conjunta¨ ante los organismos financieros internacionales, o el encuentro de mañana pautado entre el Presidente argentino y su colega de Chile, Ricardo Lagos, para mostrarse juntos frente al Monumento al Cristo Redentor.

Sin embargo, en esta batalla de largo aliento en que se ha convertido la tarea de asomar la cabeza para tratar de abandonar el infierno, es difícil predecir hacia dónde se inclinará la balanza en cada una de las pujas que se planteen: si hacia la fortaleza de las posiciones esgrimidas por la Argentina y su Gobierno, o hacia las embestidas de quienes pretenden dejar en claro quién detenta el poder real.

Si bien no es cierto que el Gobierno de Kirchner le torció el brazo al FMI en las febriles negociaciones de los últimos días, tampoco es verdad que debió aceptar cada uno de los condicionamientos que quisieron imponer el propio Fondo y los países del G-7, decididamente embarcados en defender a los acreedores externos de la deuda actualmente en default.

Pero para darse cuenta de que las fuertes presiones surtieron efecto, basta con ver algunos datos de la realidad y leer con atención ciertas palabras pronunciadas por funcionarios en los centros de poder. Por ejemplo, el hecho de que tras los fuertes mensajes enviados por el G-7, el Gobierno decidió convocar para este mismo mes a los acreedores a sentarse en Buenos Aires a una mesa de negociación, algo que en realidad se preveía para mucho más adelante, sin una fecha concreta.

Y en materia de declaraciones, por ejemplo, refuerzan esa hipótesis las palabras que pronunció, apenas un día después del acuerdo, el secretario adjunto para Asuntos Internacionales del Departamento del Tesoro, Randy Quarles, al presentar un informe ante el Senado de su país: ¨Es responsabilidad de Argentina -dijo- trabajar con sus acreedores para lograr una reestructuración de la deuda que definirá el aumento del superávit primario (para el 2005 y 2006) por encima del 3 por ciento, necesario para cubrir los servicios de la deuda¨.

A pesar de que el presidente Kirchner insiste en que no se elevará más allá del 3 por ciento esa pauta de superávit -es decir el dinero que Argentina destinará a pagar su deuda pública-, quedó claro que los Estados Unidos avalarán al Fondo en su embestida para ir por más. Y a ciencia cierta no se puede prever cuál será el final de la novela.

¿Significa esto que Estados Unidos retacea su apoyo a la Argentina? Todo lo contrario: como ocurrió con la primera revisión de las metas del acuerdo alcanzado en septiembre pasado, hace lobby en contra de una ruptura y a favor del entendimiento, pero reclama siempre una porción más. Y eso sucederá seguramente cuando en septiembre próximo haya que discutir las nuevas pautas para los dos años siguientes.

Pero las presiones no sólo llegan desde los Estados Unidos. También se hicieron escuchar en España y en Italia, donde el mismo día en que se cocinaba el acuerdo que evitó el default -y cuando el canciller Rafael Bielsa estaba en Roma preparando un encuentro privado con el Papa Juan Pablo II- el primer ministro Silvio Berlusconi se despachó ante la prensa diciendo que la propuesta argentina a los acreedores privados (quita del 75 por ciento del capital) es ¨inaceptable¨ y debe buscarse una ¨solución¨ al problema.

Y también las hubo aquí en América -aunque por otro tema no menos espinoso- cuando tanto los Estados Unidos como otros países abroquelados a su lado (entre ellos Canadá y México) se mantuvieron en sus trece y se enfrentaron con fuerza a los reclamos del Mercosur y de otras naciones de Sudamérica, llevando a un fracaso la reunión de viceministros que se realizó en Buenos Aires con la intención de avanzar en el ALCA (el Area de Libre Comercio de la Américas).

Con un panorama sombrío (el área de libre comercio debería entrar en vigencia en enero del año que viene y hasta ahora los acuerdos parecen cada vez más lejanos) esta ¨minicumbre¨ realizada en Buenos Aires terminó en la nada y hubo que pasar para fines de abril el encuentro que mantendrán en la ciudad mexicana de Puebla los viceministros de los 34 países que aspiran a conformar el ALCA.

¿Qué sucedió en las reuniones realizadas aquí? La delegación norteamericana insistió en su reclamo de debatir normas de protección a inversiones, compras gubernamentales y liberalización de los servicios en todo el continente, mientras que Argentina y sus socios del Mercosur reiteraron que no debatirán esas cuestiones hasta que no haya un compromiso de eliminar los subsidios agrícolas por parte de Estados Unidos, ya que con ellos se traba el acceso a ese gigantesco mercado de productos muy importantes para las economías de esta parte del mundo.

En medio de la danza de presiones de uno y otro lado, el camino aparece cada vez más minado. ¿Habrá margen para encontrar la salida?.


 
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