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» Este artículo corresponde a la Edición del domingo, 14/mar/2004 de La Auténtica Defensa.

CARA O CECA: DOS CARAS DE UNA MISMA MONEDA
La fuerza del piropo...




Aquello que algunos llaman anorexia surge generalmente durante la adolescencia y en un porcentaje mayoritario en mujeres. Pareciera que se ha incrementado en los últimos años en los países capitalistas. Dicen que a mayores niveles de consumo hay mayores exigencias y por lo tanto la incidencia en cumplir con estereotipos es mayor. Algunos investigadores dicen que en Africa negra no hay anorexia, y los miembros de estas etnias pueden eventualmente desarrollarla al ser transplantados a países civilizados.

Estos datos invitan a la indagación sobre la relación existente entre esta afección, la sexualidad femenina en la adolescencia y el capitalismo.

Ya en el ¨Manuscrito G¨, en 1899, Sigmund Freud decía que la famosa anorexia nerviosa de las niñas jóvenes le parecía una melancolía en presencia de una sexualidad no desarrollada... ¨ Pérdida de apetito en lo sexual, pérdida de libido.¨ Freud no acentuaba tanto el comer en sí mismo, sino la melancolía ante la sexualidad incipiente. Lo perturbador era el sexo.

El factor desencadenante podría aislarse con bastante precisión y se recorta en torno a una frase, proveniente en general de un hombre que exalta el nuevo cuerpo de la púber. Tal exclamación pondría en evidencia el valor de un nuevo cuerpo más cercano al de la mujer.

El piropo, viste al cuerpo de metáforas, las denominadas ¨groserías¨ lo desnudan. El epíteto resalta el lugar de la joven como objeto sin la mediación del ¨verso amoroso¨. El desenlace sigue una secuencia regular: en lo sucesivo la muchacha intentará hacer desaparecer las turgencias del cuerpo que provocaron el descubrimiento de la propia excitación y la de los otros.

. Freud considera que hasta la pubertad no surge una clara diferenciación entre el carácter femenino y el masculino, ya que ¨la mujercita es un varoncito¨

Los desencadenamientos en la adolescencia testimonian que el estatuto mismo de la infancia protege al sujeto de las eclosiones. Amparado en ese niño, intenta sostenerse en una identificación al ideal de los padres: de ser un niño eterno, ergo desexualizado.

Es entonces cuando la comida toma un valor fundamental: si come crece y deja ese lugar maravilloso. El dejar de comer es un intento desesperado de controlar el paso del tiempo. Así lo congela. Se enfría. Y tras ese acto todas sus posibilidades quedan como en animación suspendida.

Enterarse de esta situación es en extremo difícil. Parece fácil, pero el frío del que hablamos lo enfría todo. Es un desafío animarse a cuestionarlo y romper el hielo...

Lic. Patricia Katz. Lic. Sebastián Terrizzano.

Para comentarios y sugerencias escriba a: caraoceca@hotmail.com


 
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