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» Este artículo corresponde a la Edición del martes, 16/mar/2004 de La Auténtica Defensa.

Transversales y verticales




Buenos Aires (especial para NA Por Pepe Eliaschev) - El espanto de 200 cadáveres pulverizados por el crimen saturó la semana con el imborrable aroma de la muerte.

España dejó de ser un tema ¨internacional¨ para exhibir nuevamente ante la conciencia humana la dimensión esperpéntica del mal.

En los mismos momentos en los que la Argentina sorteaba airosamente el plazo para cumplir con un pago decisivo al Fondo Monetario y cuando el Gobierno presentaba de manera formal su propio proyecto de base política para encarar el futuro próximo, Madrid ingresó como clave de los tiempos que se viven.

Ninguna urgencia doméstica podía medirse de igual a igual con la magnitud de la tragedia de Atocha.

Un costado argentino particularmente insidioso se alumbró a segundos de saberse que el terrorismo había atacado con una brutalidad de estupor. Enseguida, como en 1992, como en 1994 y como en 2001, radios y mentideros se poblaron de habladurías inmundas. No faltaron los estrategas de plástico que veían cumplidas sus sabihondas nimiedades: que los 200 muertos de Atocha eran la respuesta al contingente militar español en Iraq, que se trataba de un atentado a medida de las necesidades de José María Aznar para triunfar hoy domingo en las elecciones generales españolas, o que era una manera que tendría la banda criminal ETA para obligar a Madrid a hablar políticamente con ellos.

Conviene ser crudo: la tradicional duplicidad argentina, sazonada con una fuerte medida de hipocresía y oportunismo deja ver su abominable perfil cada vez que se trata de tomar posición en defensa de unos principios y de condenar atrocidades que carecen de atenuantes.

En 1992 se dijo que había estallado un arsenal propio dentro de la embajada israelí. En 1994 se alegó que no hubo autobomba sino una explosión dentro de la mutual judía AMIA. En 2001 se pretendió que fueron la Casa Blanca o el Pentágono quienes atacaron Wall Street y se llevaron puestas las Torres Gemelas. Ahora también, la Argentina destiló su fuerte porción de interpretaciones supuestamente lúcidas y profundas.

Quienes vieron en la demolición de la embajada israelí en marzo de 1992 apenas una mera ¨devolución¨ de los árabes al gobierno de Carlos Menem porque éste se alineó con los Estados Unidos en la guerra contra Iraq de aquel tiempo, hoy licuan la naturaleza perversa del ataque del 11 de marzo en Madrid, colocándolo en el mismo peldaño que la alianza de Aznar con el gobierno de George W. Bush. Puras inmundicias.

Lo cierto es que la Argentina viene de vivir una semana notable, mírese como se la mire. En apenas 48 horas, del martes al jueves, se pasó del pago al Fondo a la divulgación de un nuevo descenso de la desocupación, medida hasta el pasado 31 de diciembre.

Mesurados, si se quiere módicos, pero irrefutables, los números revelan una tendencia clara. El ministro Roberto Lavagna, que se indigna con los medios porque solo hablan de la deuda, no está del todo extraviado cuando reclama atención para la recomposición de la demanda laboral.

El Nordeste y la Patagonia ya son regiones que exhiben desocupación de un solo dígito, mientras que Cuyo y la Ciudad de Buenos Aires muestran cifras mucho más bajas que el promedio nacional del 14.5 Por ciento.

La madre de todas las batallas en la guerra contra el desempleo masivo se libra, bien entendido, en la región más poblada y concentrada del país. Los partidos del Gran Buenos Aires padecen una desocupación mucho mayor que la media nacional, 17.1 Contra 14.5 Por ciento.

Pero, una visión afilada y descarnada de la naturaleza elefantiásica de la concentración argentina, ¿no debería imprimirle energía a la noción de que la auténtica protección social a los indigentes incluyendo una poderosa transferencia de los recursos de los planes de emergencia a la promoción de corrientes migratorias internas de raigambre laboral que vayan acompañando el renacer productivo de la Argentina profunda, sin insistir sólo en el disparate de un país amontonado en un radio de 100 Km.?

El acuerdo de última hora con el Fondo gatilló alivio y distensión inmediatamente. El país se separó de una cantidad gruesa de sus reservas, pero sólo por dos semanas, porque la casi totalidad de esos 3.100 Millones deben ser reembolsados, como acreditación de que la Argentina viene cumpliendo sus médicas pero igualmente exigentes metas fiscales y de política económica.

Nadie ignora que la resolución favorable del vencimiento del 9 de marzo salva un momento extremadamente delicado pero no implica convertir a 2004 en un paseo celestial.

Fortalecido por este paso, el Gobierno afronta ahora dos conflictos monumentales: la deuda con los acreedores privados y los acuerdos con el propio Fondo para 2005, asuntos que son imposibles de entender de manera aislada.

Aunque haya furia y recriminaciones atroces, con los tenedores de bonos de la deuda soberana argentina habrá inexorablemente acercamiento progresivo, tal vez zigzagueante, pero en definitiva evolutivo.

La Argentina terminará encontrando formas que le permitirán modificar de manera discreta la rigidez de sus posturas iniciales, a caballo de una reactivación que, en teoría, debería generar condiciones aun más propicias para el segundo semestre.

En un año singularmente privado de batallas políticas, el Gobierno demostró que piensa, y mucho, en las bases de su sustentación de cara a los compromisos electorales que deberá comenzar a afrontar a partir de marzo del próximo año. Por eso, como no podía ser de otra manera, avanzó en la construcción de la ¨transversalidad¨, un dibujo ideológico al que le cuesta todavía plasmarse en efectividades políticas.

El acto del jueves 11 en el Parque Norte porteño (el mismo lugar desde el cual Raúl Alfonsín reformuló los grandes lineamientos de su política a mediados de los años Ochenta) le sirvió a Néstor Kirchner para darle patente de ciudadanía a su intención, imposible de explicitar hoy, de armar un esquema mucho más amplio y moderno que el provisto por el Partido Justicialista.

¨Solamente con el peronismo no alcanza¨ había dicho la senadora Cristina Fernández, antes de que su marido hablara durante 40 minutos.

Pero los 7.000 Cuadros que se apiñaron cerca del río de la Plata esa noche insistían básicamente en reiterar la marcha peronista, mientras que en la otra punta de la ciudad, Alfonsín advertía, con picardía, que la transversalidad ¨entendida de esta forma es un desastre¨.

Algún historiador podría preguntarle en qué se diferencia y en qué se parecen esta estrategia del presidente Kirchner con el ¨tercer movimiento histórico¨ lanzado por el gobierno radical en los primeros, triunfales, años de su gestión.

Como si en la Argentina siguieran latiendo pulsiones eternamente recicladas, el propio Kirchner apeló, en Parque Norte a los jóvenes radicales de 1973, a los seguidores intransigentes de Oscar Alende, a la democracia cristiana y a la izquierda ¨que creían que se podía hacer un país distinto¨. El presidente dijo que ¨nosotros creemos que ahora lo vamos a hacer¨.

En ocasiones, la precisa conducción que requiere un país en un escenario tan arduo como la Argentina se complica mucho más por las acciones dañinas de la retórica que por la comisión de errores gruesos. El Gobierno da y toma, calla y habla, avanza y retrocede, castiga y premia.

Un caso paradigmático del kirchnerismo realmente existente es la agenda del canciller Rafael Bielsa. Estuvo 20 minutos con el papa Juan Pablo II, que lo recibió en una audiencia en la cual Bielsa se mostró junto a su inteligente esposa. La crónica dice que Andrea de Bielsa, que sólo llora de felicidad o tristeza con las victorias o derrotas del Racing Club, esta vez debió enjugarse las lágrimas de la emoción por acceder al pontífice romano.

Pero, horas después, Bielsa habló desde Roma con el presidente de la Comunidad Homosexual Argentina para comunicarle que nuestro país condenará en la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas la discriminación por orientación sexual, una reivindicación que la colectividad gay reclama desde hace mucho tiempo.

Tal vez no sea sinuosidad deliberada, sino un signo de los tiempos, pero. En tal sentido, los argentinos, que solemos vivir en un estado de harakiri crónico, porque nunca nos perdonamos nada, podemos descansar esta semana con estas dos piezas de esperanza verdadera, testimonio de un país que, hace ya 20 años, hizo varias cosas bien hechas.

Chile aprobó finalmente hace pocas horas una ley de divorcio, 19 años después que la Argentina lo hiciera, cuando el gobierno de Alfonsín tuvo que lidiar con una feroz ofensiva de los obispos.

Y esta semana se inicia, con uno de los escenarios mundiales en Buenos Aires, la celebración de los diez años de la liberación de Sudáfrica a partir de la liquidación del apartheid y el final del dominio de la minoría blanca. Hasta el día de hoy, Sudáfrica habla solo de ¨verdad y reconciliación¨ y ni se animó a un ¨Nunca más¨ ó a enjuiciar a los gobiernos blancos que durante casi un siglo mantuvieron en la esclavitud a la mayoría negra.

Muy capaz de ufanarse de aquello de lo que debería avergonzarse, la Argentina tendría a veces que saber enorgullecerse de las pocas e importantes cosas que ha hecho muy bien.

Pepebis@arnet.Com.Ar

www.Pepeeliaschev.Com.Ar


 
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