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» Este artículo corresponde a la Edición del sábado, 23/abr/2016 de La Auténtica Defensa.

Construcción Colectiva
Por Alejo Sarna




La realidad Nacional y Local plantea nuevos desafíos para los partidos, los dirigentes y los pueblos. La crisis de 2001, las más grave de la historia Argentina, generó a su vez una profunda crisis de representatividad de los partidos políticos tradicionales dado que estos no lograron ser capaces de evitar en primera instancia, y sobreponerse en segunda, a los serios problemas financieros, económicos, políticos, institucionales pero por sobre todas las cosas, los problemas sociales en los cuales estaba inmersa la Nación. Esto sentenciaba el bipartidismo dominado por la UCR y el PJ, tal cual lo conocíamos desde la vuelta a la democracia. Las fragmentaciones intestinas fueron una constante y la desobediencia partidaria en los procesos electorales fueron el resultado indefectible de este proceso. La sociedad había entendido que más importantes que las estructuras partidarias y que los dirigentes, era la gente. Las necesidades insatisfechas, la perdida de la dignidad, el hambre, la miseria y la desigualdad no iban a ser solucionadas en internas partidarias donde se discutían otros valores como liderazgo, capacidad de conducción, mecanismos de poder.

Es así que comenzaron a surgir distintas alternativas que, aunque de menor intensidad que las grandes estructuras partidarias, en su conjunto lograban tener un grado de representación aún mayor que los grandes partidos y muchas veces llegaban a conformar coaliciones electorales y de gobierno. Organizaciones sociales, organizaciones políticas, agrupaciones, etc. que habían surgido en plena crisis atendiendo las necesidades de la gente que no eran satisfechas por el Estado, fueron adquiriendo mayor grado de influencia en la población y consecuentemente en el electorado.

También surgieron nuevas fuerzas políticas compuestas por dirigentes outsiders, es decir, dirigentes que no provenían del núcleo político tradicional sino que irrumpían desde actividades privadas o que poco tenían que ver con la administración de la "cosa pública" con discursos en donde se hacía hincapié en las virtudes personales para llegar al éxito tomando como referencia a grandes empresarios y líderes financieros que habían pasado de lo privado a lo público.

Al día de hoy esta lógica no ha cambiado sino que por el contrario se ha profundizado. Los grandes partidos siguen inmersos en disputas internas, fragmentándose o bien generando "consensos" con unidades ficticias que poca esperanza de vida tienen, o bien fagocitándose dentro de las nuevas estructuras políticas que surgieron en los últimos años. Entonces quienes quieran comenzar un proyecto político en donde el éxito del mismo tenga un alto grado de probabilidad tienen que entender este contexto socio-político.

¿Cómo sistematizar un armado de tal magnitud? En primer lugar, es sine qua non que el proyecto sea colectivo. Esto significa que quienes lo integren se sientan parten fundamental del mismo y que quienes tomen las decisiones representen al conjunto, pero también y fundamentalmente, que el proyecto emanado del espacio ponga como prioridad atender las necesidades del pueblo al que se debe.

Para lograr esto, el espacio debe mantener una lógica horizontal. Es sabido que en los grandes conglomerados sociales se torna difícil que todos sean parte de todas las tomas de decisiones. Es por es que hay que tomar una variable que es elemental para el gran politólogo Italiano Giovanni Sartori, esta es la de "grado de representatividad". Un espacio colectivo puede ser tal en tanto quienes tomen las decisiones representen al conjunto o a la mayoría del mismo. Si quienes debaten y luego toman las decisiones son representantes verdaderos del conjunto, las acciones obtendrán un alto grado de legitimidad que permitirá la pertenencia de todos.

El tercer elemento es la transversalidad. Si bien en la historia política Argentina han existido una enorme cantidad de partidos políticos, como ha mencionado alguna vez Aldo Ferrer, solo dos proyectos se han llevado a cabo; un proyecto neoliberal y otro denominado nacional y popular. La mayoría de los partidos existente están atravesados por este clivaje haciendo la convivencia dentro de las estructuras muchas veces muy difíciles. Es por eso que en el marco de este nuevo escenario político partidario nacional es elemental construir espacios de confluencia donde converja cada una de las vertientes de las distintas tradiciones partidarias. La transversalidad entonces significa la unión de quienes provienen de distintas tradiciones partidarias pero que confluyen en un mismo proyecto.

Como conclusión, la nueva realidad política exige innovaciones a la hora de presentar las distintas alternativas de cara a la sociedad y está en la capacidad de cada dirigente el de adaptarse a esta coyuntura o no.


 
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