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» Este artículo corresponde a la Edición del sábado, 07/may/2016 de La Auténtica Defensa.

El Panóptico:
Cerebrolatría
Por Fabiana Daversa






Fabiana Daversa

Esta semana la canciller Susana Malcorra afirmó que la Argentina no sólo es un país productor de cocaína, sino que ocupa el tercer lugar entre los exportadores.

Más allá de lo que eso implica a nivel seguridad, salud, economía, la financiación de los grupos extremistas como Boko Haram, en Nueva Guinea, en dónde la droga hace escala antes de llegar a Europa y de todo lo que se entreteje alrededor del negocio más fabuloso del mundo, la pregunta del Panóptico es ¿por qué nos drogamos? Sí...en plural.

Porque sea cocaína, la televisión, el azúcar, el cigarrillo, la plata , los fármacos o las relaciones enfermizas, todos andamos drogados por la vida.

Pero sectoricemos el problema, para no ampliarlo demasiado. ¿Por qué los estupefacientes?

Durante miles de años, el hombre celebró lo sagrado y consultó el espíritu de las plantas para que le dieran consejos. Adoraba el agua, los animales y las montañas. Cuando había fiesta, en un ámbito cuidado y enmarcado por las divinidades, fumaba, bebía e inhalaba sustancias que cambiaban temporalmente su conciencia. Así experimentaba el roce de la gran potencia de la vida.

Hoy los mares están contaminados y se arrojan deshechos por doquier. Lo sagrado es motivo de burla colectiva. No obstante hoy, más que nunca, se buscan los recursos que durante miles de años fueron rituales de conexión con lo supremo, de manera mundana, lo que implica un enorme riesgo.

La manera más efectiva de combatir la droga es establecer nuevamente la conexión perdida con lo sagrado.

En una sociedad con cerebrolatría, en dónde todo se explica por la ciencia y las conexiones neuronales, el ser humano pide a gritos que se les habilite el rincón divino, en dónde pueda recuperar la alegría, la fe, la confianza en ésas fuerzas supremas.

La ostia de la cerebrolatría es la droga. Sean de diseño, clásicas o fármacológicas (hay tantas formas de llamarla como las hay para nombrar a los dioses) tratan de colmar un vacío que no se puede llenar.

Demonizarla sólo la hace más vigente. Lejos de hacer la apología de las drogas, quizá tengamos que recordemos a Mateo: el mal nunca entró por la boca. Lo malo es lo que sale de la boca del hombre.


 
P U B L I C I D A D






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