Hablamos todos los días de cosas, sin pensar en sus significados. Sucede por ejemplo con los nombres de nuestros hijos, con el origen de nuestro apellido, con expresiones que mecanizamos, vaciando sus contenidos.
Hoy "El Panóptico" se propuso investigar sobre el artefacto que denomina y representa nuestra ciudad, Campana.
En la India; simboliza el poder de la escucha, el reflejo de la vibración creadora de todas las cosas. En el Islam; la campana es adorada como vocera de la verdad. Los budistas; la asocian con el sonido de Dios. Las campanillas de las pagodas en Oriente; recuerdan ésa voz y los tibetanos las agregan en los templos al aire libre, en homenaje a sus ancestros.
No obstante, en la mayoría de los pueblos, la campana tiene la facultad de expiar los malos espíritus. Por eso en la misa católica, el monaguillo, hace sonar una campana de bronce antes de la Eucaristía.
En más de un pueblo es la campana de la iglesia la que anuncia la alegría y la tristeza, nacimientos y muertes. Su forma evoca la bóveda celeste y el péndulo, el libre albedrío para anunciar o denunciar lo que sucede.
Sin duda es símbolo de comunicación. En las casas de la aristocracia del siglo pasado, la sonaban para llamar a la servidumbre. En las escuelas, el final de los recreos. El alquimista Girardius llamaba a los ángeles con una campana hecha de plomo, estaño, cobre, oro y azogue. El término "campana protectora" es muy utilizado en visualizaciones y meditación yoga.
El Panóptico cree que nacer, vivir y hablar de Campana, sin conocer su simbolismo, es perder de vista un gran tesoro. Si logró esbozar una sonrisa, se da por satisfecho. Alguna campana sonará por doquier, anunciando nuestra dicha.



