Testimonios de afiliados y familiares respecto a las dificultardes que atraviesan por la problemática que existe con los traslados que debería brindar la obra social.
El domingo pasado, publicamos una investigación sobre una problemática que afecta a nuestra ciudad: "el desamparo hacia los abuelos afiliados a PAMI".
En el mismo abordábamos la problemática sobre los traslados de los afiliados, el por qué no se están realizando con normalidad y cómo se quiere "emparchar" un servicio imprescindible e impostergable.
Hoy queremos mostrar quienes son los afectados, con nombre, apellido y sus testimonios; los cuales le reproducimos a continuación:
Caso 1: Lia Argentina Sabala, 78 años. Vecina del barrio Lubo. Su familia nos relató que el pasado 1º de Mayo sufrió una caída de regreso a su casa desde el almacen. Quienes la atendieron, hicieron que guardara reposo hasta que llegara la atención médica correspondiente pero "lamentablemente el médico nunca llegó y PAMI no respondió nuestros llamados reiterados", nos cuentan sus hijos.
Con el transcurso de los días, la abuela empezó a presentar una desmejora total, además del golpe comenzó a tener una descompensación general. Al no obtener la respuesta esperada por parte de PAMI, sus familiares decidieron tomar cartas en el asunto y contrataron una ambulancia particular para que pueda recibir atención médica en el hospital, surgiendo la necesidad de realizarle estudios más profundos. La carga económica de éste traslado fue importantísimo para ellos por los pocos recursos con los que cuentan y agravado por el hecho que Lía tiene un hijo (Angel Alberto Ferreyra) discapacitado por la falta de sus extremidades, que lo hace totalmente dependiente de su madre. Hoy Lía se encuentra en cama, no controla esfínteres por lo que debe usar pañales, tiene que hacerse estudios pero la familia no tiene disponibilidad económica para hacerla atender. En conclusión la falta de atención de la emergencia habría agravado el estado de salud de la abuela y "hasta la fecha todo se sigue sosteniendo sin la contención por parte del Estado y de PAMI", nos cuentan sus hijos.
Caso 2: Vanesa Virjan, 29 años. Otra vecina del barrio Lubo. Su madre nos cuenta su diagnóstico: Mielomeningocele grado 4. Es una dolencia de nacimiento en que la columna vertebral y el conducto raquídeo no se cierran antes del nacimiento y por este motivo Vanesa es bipléjica y se le suma un problema crónico en su vejiga. Le realizaron una reconstrucción de ésta y un cateterismo vesical. Vanesa depende de una sonda para llevar a cabo sus necesidades fisiológicas.
Si Vanesa no recibe un cambio constante de las sondas que utiliza y no permanece en un lugar sépticamente acorde, su situación se puede complicar irreversiblemente. Los últimos 6 meses la familia Virjan no recibió el material descartable correspondientes y no han podido comprar las 180 sondas que necesita en el mes.
Silvia, su mamá, decidió recurrir a Defensa al Consumidor para denunciar a PAMI, abriéndose un expediente caratulado como "Abandono de persona".
A partir de este reclamo, consiguió que en 15 días le facilitaran 600 sondas, marcando quizás el camino a seguir para quienes sufren situaciones similares.
Vanesa debe realizar sus estudios y tratamiento continuo fuera de Campana, más precisamente en La Ciudad Autónoma de Buenos Aires e indefectiblemente necesita traslado, pero PAMI por los problemas financieros con la empresa prestadora, no cuenta actualmente con este servicio.
Su mamá ha debido ponerse firme y luego de fuertes reclamos (piquete dentro de la Agencia PAMI local incluído) consiguió el traslado (precario) por única vez hasta CABA.
El próximo 24 de junio necesitará nuevamente de éste traslado y dadas las circunstancias teme tener que volver a realizar medidas extremas en la agencia de PAMI local para pelear por los derechos que le corresponden.
Caso 3: Marta Cortez es vecina del barrio La Josefa. Padece de "artritis deformante más una osteoporosis compleja" con la necesidad urgente de ser operada.
Lo expuesto parece ser que no es lo más grave que sufre Marta, además tiene problemas cardíacos, diabetes y agorafobia (síntoma que le produce miedo a salir de su casa).
Como si fuera poco, una operación de cinturón gástrico le provocó una hernia que le ocasiona un dolor crónico sin la posibilidad de una nueva intervención quirúrgica (producto de su diabetes).
Marta mantenía un tratamiento desde hace 3 años para no perder la movilidad de sus piernas (por la diabetes), pero este último mes se lo suspendieron sin previo aviso, perdiendo el progreso conseguido con el mismo y corriendo riesgo que en un futuro inmediato quede inmovilizada.
Acudió a PAMI, donde hasta el momento hicieron oídos sordos a sus reclamos sin recibir: traslado, reincorporación a su tratamiento ni servicio de una asistente que le ayude a sobrellevar su vida cotidiana; y sin explicación alguna le quitaron el beneficio de discapacidad, lo que automáticamente le provocó la reducción de su jubilación.
Pero la cosa no termina allí: Carlos López, su esposo, está trasplantado de corazón desde hace 3 años y necesita permanente monitoreo de su salud. El no hacerlo, lo hace proclive de serios riesgos de muerte.
Hace 6 meses PAMI no le brinda a Carlos su traslado a la Clínica Favaloro en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. El lo explica de manera simple: "PAMI me dejó tirado". Con su dolencia a cuestas debería recurrir a un acompañante ya que suele sufrir descom-pensaciones cardíacas, pero él toma el riesgo de ir solo ya que no siempre cuenta con quien lo acompañe. Como ya dijimos su esposa no puede hacerlo. Pero, ha optado por no reclamarle a PAMI, porque el stress que le generaría pelear por sus derechos sería más perjudicial todavía para su delicada salud cardíaca.
Lamentablemente hay más casos similiares. Historias de gente que no la está pasando nada bien por no contar con un servicio que les corresponde.
Abuelos y discapacitados son dos de los sectores más vulnerable de la sociedad. La verdadera esencia de PAMI es que sea el propio Estado quien resguarde por ellos. Hoy, parecería todo lo contrario.
Marta Cortez y Carlos Lopez
Lia Argentina Sabala junto a sus hijos
Silvia Gonzalez, madre de Vanesa
Votrynib Pazopanib 400 mg
Este es el medicamento oncológico que le recetaron a mi papá, Carlino Mendieta, de 73 años. Un medicamento con cápsulas que le alcanzaban para 30 días. Su enfermedad, el cáncer, así lo requería.
Pero no sabemos por qué el doctor que lo operó extirpándole en su totalidad un riñón, no dijo abiertamente: "Familia, si no toma este medicamento, al paciente se le puede producir una metástasis", y que nos explicara qué producía hacer eso en su cuerpo.
Tampoco le dieron ese medicamento cuando le dieron el alta al salir de la clínica. Había que hacer todo el papeleo y una interminable cantidad de trámites, idas y vueltas.
Tener que llevar la receta del Oncólogo al Doctor de Cabecera. Luego, pasar por PAMI, pidiendo los respectivos turnos, que eran de una semana a un mes. Entregando estudios y análisis en Buenos Aires, donde nos rechazaron los papeles, porque faltaba un estudio que supuestamente un Doctor no había realizado, y luego se encontró en la clínica porque alguien con ganas de trabajar lo encontró.
Volver con todo a Buenos Aires, y cuando llega todo aprobado, después de otro tiempo más, a dejar la solicitud en la farmacia para esperar casi un mes a ver si PAMI lo entregaba. En total, pasaron 9 meses.
Luego de 16 días de estar internado, mi amado padre falleció el sábado 26 de marzo a las 18:20. Su corazón seguía latiendo pero sus pulmones no resistían más.
Cuando lo internamos con mi madre, él se quejaba del adormecimiento de su brazo y de su pierna derecha. Pero estaba muy lúcido. En cada operación salía muy fuerte y muy lúcido.
El doctor que lo atendió, no se decidía a internarlo. Recién lo hizo cuando se le produjo un ACV. Estando en sala común, se le produjeron dos infartos y no podía pronunciar palabras enteras. Pedimos por cuidados intensivos a un doctor que se encontraba solo y también atendía la Guardia.
Estando ahí, mi padre sólo dormía porque la metástasis había hecho mucho daño. Aun así, pude ver caer lágrimas de sus ojos cuando mi madre y yo lo afeitábamos o acariciábamos. Tal vez hoy todavía estaría entre nosotros si no fuera por ese medicamento que nunca llegó.
Dos días después de su muerte, el 28 de marzo, recibí el llamado de la farmacéutica diciéndome que el medicamento había llegado. Le contesté que acabábamos de llegar del cementerio. Que mi padre había fallecido por la información profesional que no se nos brindó, la burocracia, el medicamento que nunca llegó.
Te extraño día a día, y mi corazón me duele de impotencia. Pero te recuerdo con alegría. Más, cuando vienen los recuerdos de niña cuando me paseabas en tu bicicleta; o con tus nietos, cuando les enseñabas a caminar con la toalla a la cintura ¿Te acordás, Pa?
Te amo. Te amamos mis hermanos y mamá, tu compañera de siempre. Gracias, Pa, por tus enseñanzas de vida.
Elida Teresa Mendieta - DNI 20.612.323



