¿De qué hablamos, cuando hablamos de energía? Cuando la palabra es usada por un ingeniero hidráulico, un físico o un especialista en medio ambiente podemos saber de qué se trata. Suele ser la fuente de alimentación de un circuito, sea natural o creado por el hombre. Pero cuando el ciudadano común habla de energía, ¿ de qué habla?
Tal persona tiene buena energía, a tal otra le falta energía...
Es difícil nombrar lo que no se ve. La disciplina hebrea de la Kabbalah sostiene que cada cosa viene al mundo con su nombre, pero no todas deben ser pronunciadas, porque hacerlo les otorga vida. Dios hizo el mundo, según el Génesis (texto que se encuentra en la Torá y en el Viejo Testamento, libros sagrados que compartimos cristianos y judíos),nombrando cada cosa. En la medida que el patrón sonoro era determinado, unido a la intención, lo abstracto se volvía concreto. El hinduísmo, padre del yoga y de sus siete ramas (hatha yoga o del cuerpo, kriya yoga o del sueño, bhakti yoga o de la devoción, jnana yoga o de la filosofía, tantra yoga o de la unión sexual , raja yoga o de la meditación) encuentra en el mantra yoga el estudio de la manifestación sonora, el mismo principio del Génesis. En Occidente no hay escuelas de formación sino del hatha yoga, pocas líneas devocionales o bakhti, popularizadas por los hare Krisnha y maestros que cada tanto nos ofrendan sus conocimientos de raya yoga, eventualmente.
Filósofos, rabinos, maestros y teólogos pensaron mucho sobre el poder de la palabra. El poeta, peregrino de los dos mundos, hace de ella su instrumento de trabajo.
Según el Panóptico, la energía es todo lo que nos rodea pero que aún no tiene nombre. Es la atmósfera de un país, la tirantez que se respira en algunas oficinas de trabajo, la conversación sin palabras de los amantes, la mezcla de todo lo que transmite una persona sin que se manifiesten sus acciones ni su discurso.
Es la materia prima con la cual cada uno hará su realidad. Un legado de Dios para que podamos crear nuestro propia vida.



