En lo años 90 un grupo de esotéricos de moda concluyó que la Argentina no tenía una carta natal adecuada y refundaron el país en una ceremonia privada en las sierras de Córdoba. Si bien la nueva fecha y hora estipuladas fueron "perfectas", el país siguió por los vaivenes de tener el signo de Cáncer con ascendente en Libra y luna en Capricornio.
Es necesario mucho más que un grupo de delirantes para establecer un nuevo nacimiento. Lo que sucedió en San Miguel de Tucumán en 1816 no excluyó a ningún argentino, fue absolutamente transformador y el eco de lo que sucedió, tal como el Big Bang, sigue sonando hasta hoy. No obstante, los mediáticos esotéricos instalaron entre intelectuales, magos y artistas, que la Argentina estaba condenada por su carta natal. Y nada más alejado de la realidad. Ningún nacimiento condena al nacido, simplemente plantea caminos de realización diferentes para que éste pueda alcanzar su máximo brillo.
La Argentina es canceriana y nutricia. Alimenta a todo aquél que pise su suelo. Arquetípicamente es la Madonna Latte que amamanta al niño Dios. Su ascendente es Libra, raíz de libre, ecuánime, justa y bella como la diosa Venus. El ascendente anuncia hacia dónde debemos ir para armonizarnos. Mirando hacia atrás vemos el juicio a las Juntas Militares, el Nunca Más, la búsqueda incesante de la verdad en el caso Cabezas, López y Nisman.
Entendemos por qué nos es tan necesario aclarar los atentados de la AMIA y Embajada de Israel. Con nuestra configuración astrológica, sin justicia nos sentiremos eternos desvalidos. Y la Luna está en en Capricornio, signo de tierra opuesto complementario a Cáncer. La Luna indica en una carta natal qué clase de combustible debemos utilizar para llegar a la meta. Capricornio sugiere paciencia y constancia, es el Sabio de los arcanos. Por lo tanto, saquémonos de la cabeza que estamos astrológicamente condenados. Dándole alimento y cobijo al mundo, haciendo justicia verdadera y caminando con paciencia hacia nuestros objetivos, tendremos el país que todos soñamos.



