El último lunes, una periodista de La Auténtica Defensa fue abordada por dos malvivientes cuando caminaba con su madre. Su relato: "Impotencia, pura impotencia".
"¿Y vos qué mirás?", me preguntó exaltado. "¿Y vos qué mirás?", me dijo y esa frase quedó dando vueltas en mi cabeza una y otra vez. ¿Qué miraba? Cómo ellos, prepotentes, le exigían el celular a mi madre, con quien habíamos salido a caminar como lo hacemos todos los días.
Eran dos y se movían en una moto negra con la que se subieron a la vereda al grito de "Dame todo lo que tengas".
El que amenazaba a mi mamá tenía un buzo verde viejo. Siempre se manejó con una mano escondida en un bolsillo, al tiempo que con la otra daba puñetazos cortitos. Fue, finalmente, la mano que utilizó para forcejear con mi madre, quien terminó en el suelo y sin su celular, a pesar de algunas frases evasivas que intentó.
Estábamos en la calle Colón, entre Ameghino y Cabrera. Volvíamos a nuestra casa, cumpliendo con la rutina de caminar una hora y diez minutos. Era un lunes feriado y a pesar de no ser una zona muy transitada, nos encontrábamos a 50 metros de la Comisaría de la Mujer y, cruzando la calle, frente a un grupo de vecinos que conversaba en la vereda sin inmutarse por lo que sucedía. Uno de ellos, minutos después, me diría que al ver la situación pensó que el joven que increpaba a mi mamá era mi novio y que, por eso, prefirió no acercarse…
Los malvivientes, luego que mi mamá cayó al suelo, huyeron. Llegué a notar que doblaron en Av. Ameghino en dirección al Hospital San José. Ayudé a levantarse a mi madre, hablamos con el grupo de vecinos que se encontraba a metros del lugar, donde esperamos a mi hermano, quien nos fue a buscar en auto.
Empecé a llorar. Por lo que había pasado. Por mi mamá dolorida y hasta por los contactos del celular que perdió.
Impotencia, pura impotencia.
Poco después ya pensaba: "Por suerte no pasó nada", ése consuelo que nos queda ante estos acontecimientos. Aunque, sabemos, se trata de una mentira. Sí nos pasó algo. Nos robaron. Nos robaron un celular, pero por sobre todas las cosas nos robaron la tranquilidad de una tarde que compartimos madre e hija.
Una de las vecinas que vio el robo me dijo: "No hay que salir con nada a caminar". No creo que eso deba ser así. Entiendo que haya que tener cuidado, pero tampoco uno debe salir a la calle pensando qué mala experiencia puede tener, ¿no?
Con mi madre sólo salimos a caminar, a despejarnos, a realizar una rutina que beneficia nuestra salud física y mental. Sin embargo, terminamos muy lejos de eso, sufriendo lo que sufren a diario muchos vecinos de nuestra ciudad. Envueltas en esa impotencia que estas líneas intentan reflejar.
UNO DE LOS DELINCUENTES FORCEJEÓ Y TUMBÓ A LA MADRE DE NUESTRA PERIODISTA PARA ROBARLE EL CELULAR (FOTO ILUSTRATIVA).



