Érase una vez una muchacha que había sido raptada por un pájaro marino que se enamoró de ella, allí por la tierra de los esquimales. Vivieron juntos durante mucho tiempo e incluso tuvieron un hijo.
No obstante, el padre de la novia nunca dejó de buscarla. En kayak, durante años, siguió su búsqueda desesperada, hasta que la pudo rescatar. El hombre - pájaro, cuando vio que su mujer no estaba en el iglú, alzó vuelo y los empezó a perseguir.
Con sus alas provocó una tempestad, pero nada convencía al padre a entregarla. De pronto, la joven cayó al agua y sus dedos quedaron sujetando el borde del kayak. Para que pudiera soltarse y así ser capturada por el ave, el padre cortó las falanges. Las de la mano derecha se transformaron en focas. Las de la mano izquierda, dieron origen a las morsas. Nadie pudo rescatar a la Mujer del Mar. La joven Takanaluk Arnaluk se hundió para siempre.
A partir de ese momento cuida a los animales de la crueldad de los hombres. Sean focas, ballenas o morsas, cuando sus cuerpos tocan el fondo marino, ella les da un cuerpo nuevo. ¡Ay de aquél que dañe a los hijos de Takanaluk por el placer de matar! Dicen los esquimales que la diosa los perseguirá hasta consumar su venganza estén dónde estén...



