Ceferino Namuncurá nació el 25 de agosto de 1886 en Chimpay, Río Negro, hijo del cacique Manuel Namuncurá y de una cautiva chilena, Rosario Burgos. Bautizado por Milanesio, el cura responsable por mediar la paz entre Mapuches y el Ejército argentino, desde pequeño mostró una clara inclinación hacia la tradición materna. Alegre, voraz lector y entusiasta, no demoró en ganarse la simpatía de los maestros salesianos que lo formaron. Siendo aún adolescente su padre lo envió a Buenos Aires, más precisamente a Tigre, a estudiar en los talleres de la Marina. No se habituó al clima ni al lugar, retornando a Viedma enfermo de tuberculosis, enfermedad que lo afectará hasta el final de su corta vida.
De vuelta al pago, correteando sobre el lomo de su caballo por la llanura , escuchó que su amigo Francesco de Salvo le preguntaba " ¿Ceferino, que es lo que más te gusta? " Frenando con gracia de buen jinete, no dudó en contestarle , "Ser sacerdote". Y no paró hasta lograrlo.
Su ascenso fue meteórico. En pocos años estaba en Roma, en dónde conoció al Papa Pío X, quién le obsequió una medalla destinada a los príncipes. Lástima que su fortaleza espiritual fue inversamente proporcional a su salud. Aunque su nombre en mapugundum signifique "pie de piedra",su vida fue leve y corta, como la de un pájaro. Murió a los 19 años de una infección pulmonar.
Fue el primer argentino Venerable. En el 2007 Benedicto XVI lo consagró Beato, tras constatar el milagro de sanación de Valeria Herrera, una cordobesa de 24 años que sufrió cáncer de útero y pudo ser madre.
Sus restos descansaban en el santuario de María Auxiliadora, en Fortín Mercedes. No obstante, la familia reclamó su tenencia y lo trasladaron al departamento de Huiliches en el 2009, bajo los ritos mapuches. Extraños chamanes son los que no cumplen con la voluntad del muerto. Por fortuna, el alma de Ceferino es libre. Como dijo Saint Éxupery, otro enamorado de la Patagonia, lo esencial es invisible a los ojos.



