Buenos Aires (especial para NA por Daniel Casal)- La agitada interna justicialista y la crisis energética pusieron algunas sombras en el camino de la economía, en un momento crucial en que se necesitaba un marco de consensos para cerrar con éxito la negociación por la deuda.
Los rebotes de la interna del PJ no son un tema menor si se tiene en cuenta que el presidente Néstor Kirchner basó siempre gran parte de su estrategia en sus demostraciones de fuerza política.
Basarse en el apoyo de la gente fue una estrategia necesaria a la luz del magro 22 por ciento que recogió en las urnas hace escasos diez meses.
Pero el tema de la interna del PJ no es menor si se recuerda que al provisional gobierno de Eduardo Duhalde le costaba abrocbar cualquier acuerdo ante la sospecha de que no podía disciplinar a propios y extraños.
Y eso que Duhalde maneja y manejaba, cuando era presidente, los hilos del poderoso aparato justicialista bonaerense.
Es decir que Kirchner deberá volver a demostrar nuevas fortalezas para convencer a los acreedores que cumplirá con la palabra que empeñe en cualquier acuerdo.
Se está en plena negociación con los tenedores de bonos, en junio aparecerá la nueva revisión del acuerdo firmado con el FMI y en septiembre se deberán negociar con el organismo las pautas fiscales para 2005 y 2006.
Tampoco es un dato menor, ni mucho menos, la posibilidad de llamar en el término de seis meses a una interna en el PJ, con el fin de superar la crisis que desató el tumultuoso Congreso de Parque Norte.
Las elecciones en ese partido suelen marcar el rumbo del país por mucho tiempo.
Basta remontarse, por ejemplo, a 1988, cuando Carlos Menem derrotó a Antonio Cafiero y se dio un giro crucial en el proyecto político.
En ese momento, años luz de hoy, Cafiero interpretaba lo que podía llamarse un pensamiento más alineado con el justicialismo histórico.
Además, ostentaba, prácticamente, la suma del poder político, ya que manejaba el partido, era gobernador bonaerense y le respondían casi todos los grandes dirigentes partidarios.
Ante semejante poderío llamó, seguro de la victoria, a elecciones internas y dejó de lado la tradicional elección de candidatos a dedo.
Pero, apareció Menem y sus acuerdos con los poderosos y sus promesas con los de abajo, y cambió el escenario político de la Argentina.
A quince años de aquella interna, sigue siendo materia de debate los efectos que tuvieron para el país los dos períodos de gobierno del riojano.
Con este antecedente, no es poco el poder que se puede dirimir en los próximos meses si es que realmente se llama a comicios internos, por más que Kirchner encabece una de las listas.
Una bomba de tiempo
Otro grave escollo que se interpuso en el camino de la econonía fue la crisis energética, la cual fue anticipada insistentemente en los últimos tiempos.
Pero el gobierno parecía negar una realidad que se venía encima, enfrascado en su eterna discusión con las privatizadas.
Por momentos, la confusión informativa fue tan grande que no pocos recordaron la política de comunicación que había implementado la Alianza para el conflicto por la aftosa.
En aquellos difíciles días, la administración delarruista negó la existencia del problema hasta que explotó la bomba y se comenzaron a cerrar los mercados externos.
En estos días se minimizó la crisis energética, pero al mismo tiempo se tomaban medidas de emergencia, como reducir las exportaciones o bajar la tensión. Esta medida sólo pudo ser paliada con la importación de energía de Brasil.
El país vecino pudo tomar esta medida solo porque no puede despegar su crecimiento, pero allí aseguran que esta será transitoria.
Aquí, mientras tanto, continúan las condiciones críticas por la falta de lluvia y la escaez de gas que abastezcan a centrales térmicas.
Este tema dejó también algunas grietas en el gobierno, ya que todos los funcionarios sustentaron la misma posición.
Para el ministro Roberto Lavagna, el origen del problema es la falta de actualización tarifaria, que traba el nivel de inversiones en el sector energético.
En cambio para Kirchner, el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, y el ministro del Interior, Aníbal Fernández, el problema partió de la falta de inversiones de las empresas.
Hubo otro cortocircuito con el GNC, ya que el ministro de Economía propuso restringir este mercado con el fin de ahorrar un 10 por ciento del fluido.
La propuesta fue terminantemente rechazada por Kirchner, por ser una medida antipopular ya que el GNC es utilizado por estos días por gran parte de los coches de alquiler.
Mientras se producen estos chispazos en lo más alto del poder se desarrollan las negociaciones por la deuda externa, que seguramente marcará el destino de las próximas generaciones. Sólo con fortalezas políticas internas se las podrá llevar a un buen puerto para la Argentina.



