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» Este artículo corresponde a la Edición del domingo, 18/sep/2016 de La Auténtica Defensa.

Una Mirada de Fe
Por María Cristina Solís




1 Juan 4:15-16: "Todo aquel que confiese que Jesús es el hijo de Dios, Dios permanece en él y él en Dios

-Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor, y el que permanece en amor permanece en Dios y Dios en él"

El amor que recibimos se manifiesta en el amor que damos a otros. "Si Dios nos ha amado así", entregando a su Único Hijo a la muerte en la cruz, es porque quiso que nos amáramos unos a los otros, como Él a nosotros. Una de las evidencias externas de que Dios permanece en nosotros y nosotros en Él, y que tenemos comunión íntima con el Señor, es el amor hacia el prójimo. Otra evidencia es confesar que Jesús es el Hijo de Dios. Por otro lado, la obra del Espíritu Santo que Dios nos ha enviado, es una evidencia interna. Porque es por su obra que entendemos y podemos creer que Jesucristo, Aquel que murió en la cruz, es el Hijo de Dios; y nos conmocionamos por el gran amor de Dios y podemos amar al prójimo. El amor de Dios se manifiesta en "el amor hacia el prójimo" y "en la confesión de fe".

1 Juan 4:20-21: Si alguno dice: < Yo amo a Dios>, pero odia a su hermano, es mentiroso, pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto?

-Y nosotros tenemos este mandamiento de él: «El que ama a Dios, ame también a su hermano»

Es por medio del amor que nosotros los cristianos activamos nuestra fe y vencemos el amor. No hay ningún motivo para temer el día del juicio; pues como Cristo es, nosotros también somos los hijos amados y obedientes de Dios. Nos ha librado del castigo para llevarnos al reino celestial. Más el que no conoce este amor perfecto, siente temor. El amor echa fuera el temor, por ende, cuando más amamos, más valor y perfecto nos hacemos. Es por ello que si decimos que amamos a Dios, pero no amamos a los hermanos a quienes sí podemos ver con nuestros ojos, estamos mintiendo. Si rebosamos de amor hacia Dios, no hay lugar en nuestro corazón para el odio. El Señor desea que el amor que sentimos por Él, se manifieste en el amor hacia el prójimo.

Dios nunca deja de luchar por su pueblo, y siempre es fiel. Siendo un pueblo de pacto, los judíos fracasaron en creerle al Señor y en obedecerle. Pero fiel es Dios, para cumplir el pacto establecido con ellos, de salvarles. Podemos fracasar en cumplir el llamado de Dios, pero no por ello seremos desechados o abandonados de ello, que a veces desobedecemos, y ni siquiera nos acordamos. Aunque a veces desobedecemos, y ni siquiera nos acordamos de ello, Dios es fiel para cumplir promesas. Pongamos nuestra esperanza en Aquel que es fiel para restaurar a su pueblo.

Romanos 3:23-24: Por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios,

-Y son justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús.

Cristo cargó con nuestros pecados; su justicia fue imputada sobre nosotros. Estábamos "bajo la ley", es decir, en esclavitud bajo los rudimentos del mundo. Pablo evalúa la fe de los judíos como una cáscara vacía, ya que nadie ha obedecido a la ley de corazón, y ninguno puede ser salvo por su propia justicia. Pero se manifestará "la justicia de Dios", y los que creen en los méritos de Cristo, serán justificados. No hay nada de qué podamos jactarnos. La justicia imputada sobre nosotros es el sacrificio de Cristo, quien derramó su sangre preciosa en la cruz. Esta es la expresión más perfecta de la gracia de Dios, porque de tal manera nos amó, que entregó a su Hijo a la muerte.

El mundo entero se encuentra bajo el juicio de Dios. Los judíos creían que podían ganar el favor de Dios cumpliendo la ley. Pablo había sido uno de ellos en el pasado. Pero ahora, declara que no hay camino de salvación por medio de las obras de la ley. La ley es un regalo especial que Dios le dio al hombre, que no tiene poder para libertarlo en la potestad del pecado. Pero sí le revela el pecado, y la necesidad de depender de Cristo. Si nos enfocamos en nuestra vida, sentimos impotencia y desánimo porque no tenemos la capacidad para obedecer a la voluntad de Dios. Alcemos nuestros ojos para mirar a Cristo, nuestra única esperanza.

Hasta el próximo domingo, una antorcha encendida en Campana.


 
P U B L I C I D A D






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