Cuenta la leyenda griega que cuando Frigia necesitaba un rey, y acudieron al oráculo, éste les indicó de qué forma debían identificarlo: vendría por la Puerta del Este acompañado de un cuervo que se posaría en su carro y les advirtió que escogieran a este hombre como rey.
Un labrador, llamado Gordias, cuya única riqueza era una carreta y sus bueyes resultó el elegido, pasando entonces a ser rey, previa fundación de la ciudad de Gordio. El nuevo rey ofreció a Zeus en agradecimiento su carro, atando lanza y yugo con un nudo tan complicado que nadie lo podía soltar y, según cuenta la leyenda, quien lo consiguiese conquistaría toda Asia. Se trataba del "nudo gordiano".
Finalmente, la solución al nudo llegó cuando Alejandro Magno conquistó Frigia, y al enfrentarse al reto del nudo lo solucionó simplemente cortándolo con su espada. Así fue que, según Alejandro, esa noche el dios Zeus lanzó una tormenta de rayos para indicar que estaba de acuerdo con la solución propinada, advirtiendo además que "da lo mismo cortarlo que desatarlo".
Volviendo a nuestro agitado tiempo, la inseguridad representa ahora este nudo gordiano que todos pretenden desatar como si fuese un problema irresoluble, ante el cual se opina y debate horas, días y meses, hasta que sea abordado con una mirada diferente para resolver este problema cortando sin más el nudo, para liberar el yugo.
Es que el nudo gordiano se asemeja mucho a un círculo vicioso, a un problema complejo que pretende ser resuelto con una mirada global, cuyos espectadores y analistas se pasan horas mirando desde afuera el problema. Lo cierto es que un problema complejo se resuelve adentrándose en el mismo y ejecutando inmediatamente alguna acción. Tras la primera acción se evalúa con responsabilidad el resultado para entonces volver a decidir y ejecutar una nueva acción, midiendo siempre los resultados y escalando de ese modo hasta múltiples, innumerables, consecuentes y escalables soluciones.
La solución en definitiva no se hallará en la contemplación y el análisis infinito del problema, sino a través de la acción decisiva, y enérgica, tal como lo hizo Alejandro Magno al cortar con su espada el nudo. Cortar nudos gordianos todo el tiempo, para ir liberando los yugos que nos mantienen atados a la inseguridad es precisamente tomar a este problema como lo que es: un problema complejo; que debe ser resuelto con acciones decisivas. No será una, sino muchas, como muchos son los nudos que nos atan en este problema de la inseguridad.
Es que la sentencia de nuestra leyenda que alega que al final daba lo mismo cortarlo que desatarlo, nos deja una enseñanza muy clara: lo importante son los resultados.
Ahora bien, cuando alguien recurre a este tipo de expresiones, suele dar pie a los confundidos o exagerados de siempre, que comienzan a llevar el concepto al extremo, prejuzgando que se terminará aplicando aquella frase hecha de que "el fin justifica los medios", cuando no se trata de ninguna manera de tal aberración amoral.
Es precisamente esta diferencia de perspectiva a la hora de las decisiones, orientadas a cada acción, la que determinará la moralidad de cada resultado. Porque la confusión acerca de su alcance solo puede venir ante una ausencia de moral, lo que implica al final del día la ausencia de una filosofía.
Como ya se ha mencionado, la solución a un problema complejo no puede comenzar sin ejecutar una primera acción, seguida de múltiples procesos racionales orientados a nuevas acciones. Cada acción está precedida sine qua non de algunas decisiones. Como seres humanos volitivos tomamos decisiones todo el tiempo, muchas de ellas simples o banales, y otras tantas más importantes, de largo plazo, con la mirada hacia objetivos claros; es entonces cuando cada decisión no solo debe ser escalable, coordinada con las precedentes y consecuente hacia el objetivo, sino que además debe estar signada por ciertas normas morales y éticas, resultando imprescindible entonces mantener una filosofía mentora para todo el proceso.
Casualmente, muchos años de aplicación de una filosofía errada en la justicia -que se dió en llamar zaffaronista por Zaffaroni, su mentor-, han producido resultados catastróficos en lo moral, haciendo que los delincuentes se vean a si mismos como "víctimas de la sociedad", asumiendo entonces una posición de victimarios "con derechos", avalados tácitamente por el zaffaronismo que secunda muchos ámbitos de la Justicia argentina. Lamentablemente aún se mantiene una legión de adeptos de tal engendro dentro de ese estamento.
Abordando la realidad, voy a evaluar algunos aspectos de la situación actual del problema:
Policía: Han resuelto el dilema territorial que implicaba la policía provincial, creando para esto la llamada Policía Local. Con ello fueron incorporados centenares de efectivos, resolviendo en parte el faltante de personal de calle. Han anunciado la incorporación de nuevas tecnologías, equipos y móviles. Han creado la Escuela de Cadetes, propiciando una correcta instrucción de los nuevos efectivos. Restaría conocer si el personal en actividad se mantiene instruido; léase: cursos, simulacros, entrenamiento regular, etc.
Municipio: Se observa publicidad tendiente a promover la práctica ciudadana de la denuncia, que podría restablecer la confianza en las fuerzas policiales. Las tecnologías de monitoreo, a cargo del ámbito municipal, favorecería la aportación de datos en tiempo real para la prevención al coordinar con las fuerzas de seguridad. Faltaría conocer si esto se viene cumpliendo.
Justicia: La reincidencia de los delincuentes viene siendo tema redundante en los medios. Evidentemente una punta del problema es que la policía cumple con detenerlos, sin embargo en el otro extremo la justicia los libera una y otra vez. Por otra parte, los tiempos de la justicia son impredecibles. Tenemos por un lado la conocida "lentitud de la justicia" y por el otro cierta agilidad cuando se trata de causas mediatizadas; inclusive con fallos incomprensibles para el ciudadano de a pie. Consultadas las razones de tales fallos afloran las explicaciones "técnicas" y "ajustadas a derecho".
Legislativo: En el ámbito deliberativo se han llevado adelante reformas en las leyes y el Código Penal, pero desde varios años a esta parte una mayoría legislativa ideologizada se ha valido de ideas falsas como las del zaffaronismo para la redacción de las reformas. En tal sentido el nuevo código procesal penal, que fuera aprobado en 2014, ha quedado en un limbo judicial, siendo implementado parcialmente. Llegado el caso, reformar e implementar nuevamente un Código Penal con una visión moral llevaría años.
Podría decir que este sector del Estado, que toma cada decisión mediante la votación por mayoría, mantiene la impunidad de sus miembros con respecto a las consecuencias que traen aparejadas las decisiones legislativas que, siendo colectivas, carecen de responsables directos e individuales una vez aprobadas. Es que, tras largos e ideologizados debates, difícilmente se logre consensuar leyes racionales que apunten a soluciones y resultados concretos; obteniéndose en definitiva engendros leguleyos carentes de toda ética, inaplicables en la realidad, que terminan creando vacíos, e incrementando la carencia de moral tanto en la justicia como en los ciudadanos debido la falta de reglas claras.
Conclusiones:
Según lo analizado queda claro que el nudo gordiano de la inseguridad se sitúa en el ámbito legislativo y judicial. Escuchamos decir siempre "las leyes están, solo hay que aplicarlas y cumplirlas", hay algo de verdad en ese dicho, ya hablamos de la necesidad de ejecutar acciones. Eso de cortar con un acto decisivo cada nudo gordiano, tal como lo hizo Alejandro Magno con su lanza al cortar de un golpe el nudo que muchos habían intentado "desatar", cuando al final solo se trataba de actuar en forma decisiva con un objetivo claro: la decisión política de resolver el problema.
Para dejar en claro en qué sentido se ha mencionado la "moral" en este artículo es necesario acudir a la filosofía. La escritora y filósofa ruso-estadounidense Ayn Rand dijo que "La moralidad termina donde empieza la pistola", lo que significa que toda acción que atente con la vida de otra persona deja de ser moral. Cuando se toman decisiones que pueden afectar la vida de las personas, y se lo hace desde las instituciones del Estado, esta regla de la moral sigue vigente; más aún cuando se está permitiendo que un delincuente libre vuelva a poner en riesgo la vida de anteriores o nuevas víctimas. Esto es lo que produce el engendro zaffaronista, donde el racionalismo extremo y los vericuetos interpretativos del código penal transforma a jueces y fiscales en amorales, dada la ausencia total de moral en sus decisiones. Porque como dijo también Ayn Rand "Lo moral es lo escogido, no lo forzado; lo comprendido, no lo obedecido. Lo moral es lo racional, y la razón no acepta mandamientos", significa que para tomar decisiones morales, éstas tienen que ser comprendidas como tales, lo moral no es la obediencia ciega, sino lo racional comprometido con la vida y la civilización -no la barbarie-; es ser consciente de las consecuencias que traen aparejadas las propias decisiones.
Es que mientras las decisiones que toma la justicia estén signadas por la anti-filosofía del zaffaronismo, lo que al final del día implica una ausencia de moral, conducirán en cada caso a resultados nulos, que no llevan a solucionar el problema sino que además en muchos casos contribuye a incrementarlo impunemente.
Mario Trila
@matrixway



