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» Este artículo corresponde a la Edición del jueves, 29/sep/2016 de La Auténtica Defensa.

El Rincón de Aléthea:
Gotas de lluvia
Por Angela Monsalvo






Imagen ilustrativa, selección del editor.

Llueve una vez más, como lo hizo a lo largo del año el agua de la lluvia cae sin relieve sobre la tierra y ésta como amante sediento la absorbe con avidez. El cielo tormentoso en muchas oportunidades nos ha regalado un arco iris del que siempre he pensado que es un tobogán por dónde bajan los sueños que queremos que se conviertan en realidad.

Mientras veo caer las gotas en su incesante fluir, recuerdo las palabras de E. Ernesto Febbraro: "Cuando llueve comparte tu paraguas, si no tienes paraguas, comparte la lluvia".

Hay personas a las que no les agrada caminar bajo la lluvia, o bailar mojándose, como lo hizo Gene Kelly, en la película "Cantando bajo la lluvia", a pesar de llevar en su mano un objeto esencial como lo es el paraguas. De éste es de quién vamos a dilucidar su historia.

Según cuenta una leyenda china, fue inventado por una joven llamada Lu Mei, quién había retado a su hermano a idear algo que los protegiese de la lluvia. En una noche ella construyó un bastón del que pendían doce varillas de bambú cubiertas de tela.

El paraguas es un invento curioso por su nombre, su historia y su diseño. Es uno de esos objetos que lleva con nosotros miles de años sin apenas cambiar de aspecto, los paraguas de hace siglos casi no tienen diferencias con los de ahora.

Lo cierto es que el paraguas como simple variante del quitasol, se ha encontrado representado en vasos y pinturas orientales, griegas y etruscas, con tal profusión, que nos induce a creer que su uso era muy frecuente.

Los griegos y los romanos fueron quiénes lo introdujeron en otros países. Los árabes afianzaron su uso en España. Los persas lo asimilaron a su civilización, convirtiéndolo poco a poco en objeto de una industria.

Jonás Handway fue el primer hombre que paseó por las calles de Londres con paraguas. En su juventud por motivos de trabajo había viajado a Persia, Rusia y otros países. Allí había observado cuán inapreciables servicios prestaba a los hombres el paraguas. De regreso en Inglaterra resolvió utilizarlo como medio de protección contra las inclemencias del tiempo, pero los habitantes del lugar no pensaban igual y recibió muy mal trato por parte de los mismos, ya que a su paso mientras reían, le arrojaban tronchos de coles, zanahorias y huevos podridos, haciéndole imposible la existencia.

Los conductores de los carruajes de alquiler tenían temor de que los paraguas arruinaran su negocio. Otros creyeron que constituían una ofensa a Dios, pues pensaban que si la lluvia no tuviese por objeto mojar a la gente, no la enviaría la Divina Providencia; por consiguiente nadie tenía derecho a usar paraguas para librarse de ella.

El uso del paraguas en Inglaterra tardó en generalizarse treinta años. Los dueños de posadas y cafés acostumbraban a tener uno que utilizaban sus clientes para ir de la puerta al carruaje y a la inversa.

Su uso muy pronto se extendió por diversos países de Europa, y más tarde en América, dando origen a una industria que es muy floreciente y muy importante aún en la actualidad.

Desde hace más de dos siglos, en el pequeño pueblo de Chiang Mai, en Tailandia, se lleva a cabo el Festival de las Sombrillas de Seda. Un gran desfile de sombrillas multicolores decoradas en forma artesanal y pintadas a mano desfilan por cientos, transformándose en un pintoresco lugar decorado al estilo tailandés.

Este pueblo se ha dedicado durante generaciones a la producción artesanal y comercialización de paraguas de seda y de algodón y sombrillas de papel.

Sombrillas pensadas para un clima tropical, para protegerse del sol aunque también resistan la lluvia, las que decoran con motivos de flores pintadas a mano y diseños muy significativos.

Este Festival congrega a miles de turistas ávidos de ver y poseer uno de esos paraguas o sombrillas de tan exquisito gusto.


(*) Alethea (Su significado): «Representaba la Verdad en la Mitología Griega. Fue hija del Tiempo y madre de la Justicia y la Verdad».


 
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