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» Este artículo corresponde a la Edición del sábado, 03/abr/2004 de La Auténtica Defensa.

Perder un hijo
Por Juan Alberto Yaría (*)




´Conocer en francés se interpretaba según Claudel como ´co-nacer´; ser padre es conacer con los hijos´- Jaime Barylko
LA PLATA, (Especial de AIBA). Indudablemente el asesinato de Axel Blumberg movilizó nuestra sensibilidad más profunda. Recuerdo la cara y el llanto del padre y sus frases dichas, como diría San Agustín, con el corazón (el lenguaje del corazón para el filósofo era el verdadero lenguaje): ´no tengo más a mi hijo, no voy a tener nietos…´ Acá el lenguaje se quiebra, la voz se hace llanto.
Ese recuerdo de ese corazón dolido me hizo despertar ciertas verdades que voy a tratar de describir. Recordar en puro latín es despertar. Nos despertamos de un letargo: es el valor del hijo lo que se despertó en mí, y creo en la sociedad más próxima que consulté.
Identificarse con la víctima de un crimen cruel es el acto humanitario más sublime: la empatía. El asesino no tiene empatía con la víctima. Ejecuta el crimen más horrendo sin sentir, con frialdad. No se puede identificar con el sufrimiento del otro. En la empatía se participa genuinamente en la realidad ajena.
Cuando nos identificamos con Blumberg en su sufrimiento y valoraciones es porque él nos representa. Todos somos Blumberg. Me emocionó esa amputación del futuro que él vivía: ´…no voy a poder tener nietos´. Es que el hijo y el nieto son la imagen misma del
futuro, de los proyectos, de nuestros sueños. El hombre es hombre cuando el sueño se hace obra, realización. El hijo que surge aparentemente de un encuentro azaroso biológico entre un óvulo y el espermatozoide es el milagro mismo de la vida, y, como nos enseña El Principito (Saint Exupéry): ´…qué poco ruido hacen los verdaderos milagros´.
El padre, el hijo y el nieto son la eternidad en el tiempo, en el tiempo de las tres generaciones. Desde ahí me proyecto. Trasciendo. Trascender es atravesar subiendo.
Subo. Crezco. Me realizo como persona humana. Como decíamos antes, ´conazco´ con ellos.
En mi carrera profesional como terapeuta he tratado a muchos padres que han tenido que sobrevivir a tragedias. Lo común del duelo que tienen que elaborar es la amputación del futuro. Por algo se llaman a las religiones del judeo-cristianismo las religiones de la
Promesa, y esa promesa está puesta en el Hijo-Mesías que va a ser el Salvador. El hijo como futuro. El hijo es también nuestro débito, es el que lleva nuestras deudas, nuestros conflictos no resueltos. Es casi una caricatura de nosotros mismos cuando se enferma mentalmente. El lleva sobre sus espaldas lo pendiente del padre, lo que no pudo resolver. Pero también el hijo es crédito, confianza, afán superador de nuestros conflictos, poseedor y, quizás, realizador de nuestras esperanzas; porque el hijo representa la confianza misma en la vida.
En la Biblia (Antiguo Testamento) hay una alusión al papel de la paternidad y del hijo.
Abraham y Sara no podían tener hijos. Dios le concede a ellos la posibilidad de tener un hijo: Isaac. Le agradece a Dios esta bendición (porque un hijo siempre es una bendición). Pero se olvida de él. Era como un mueble más de la casa. Era algo (una cosa) y un hijo siempre es alguien (una persona).
Dios le pide a Abraham que lo sacrifique. ¿Cómo Dios puede pedir algo así? Abraham ahí lo recupera, siente por él. En el momento del sacrificio un ángel detiene su mano y le ordena que sacrifique a un carnero ya que con él se hacía un instrumento que al sonar despertaba a la gente de su letargo. Dios despertó a Abraham de su letargo: al hijo se lo quiere. No es una cosa, es alguien.
El llanto de Blumberg es el lamento del amor ante la tragedia que en el caso de la muerte de Axel representa la amputación misma del futuro. Creo que todo esto lo vivimos no sólo por el clima de inseguridad que hace que en un instante se puedan romper nuestros sueños y proyectos; sino también porque en el hijo- y somos un país judeo-cristiano- está colocada nuestra redención y esperanza, que reflotan en momentos de Pascuas. (AIBA)
(*) Director del Instituto de Prevención de la Drogadependencia de la Universidad del Salvador. e-mail; uds-drog@salvador.edu.ar

 
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