1 Corintios 3:18-19.
18 Nadie se engañe a sí mismo; si alguno entre vosotros se cree sabio en este siglo, hágase ignorante, para que llegue a ser sabio.
19 Porque la sabiduría de este mundo es insensatez para con Dios; pues escrito está: El prende a los sabios en la astucia de ellos.
20 Y otra vez: El Señor conoce los pensamientos de los sabios, que son vanos.
TODOS aquellos que se creen sabio, se vanaglorian sobre la supuesta sabiduría de los líderes religiosos. Porque ser cristiano no es creerse sabio sino vaso de barro en las manos del Maestro, es el alfarero y nosotros barro en sus manos , que escoge algunos vasos para honra y otros vasos para deshonra , misericordia o una destrucción .
La elección de Dios es siempre perfecta y justa, y nadie puede altercar con Él. La vida de santidad reclama de nosotros confiar totalmente en Dios para recibir sabiduría espiritual, rechazando la sabiduría del mundo. La santidad dedica tiempo y necesidad de conocer al Señor, y escoge asociarse con otros creyentes en lugares de ser influenciados por los valores del mundo; debemos recordar que los valores terrenales son pasajeros; reconociendo que las malas compañías ejercen una influencia negativa sobre la vida del cristiano. Dios es fiel, Dios todo lo puede hacer porque es ilimitado, su poder es ilimitado. Su esperanza no debe ser puesta en ninguna persona, tampoco en ningún sistema. Tu futuro no depende de un trabajo, de tus propias fuerzas o tu sueldo, tu futuro y el de tu familia están en las manos del Señor. Si Él te envía a algún lugar ve confiado porque el respaldo es Él mismo. El éxito de un cristiano está en obedecer, no en el hecho de hacer y para obedecer hay que escuchar hasta escuchar la dulce voz de nuestro hacedor, una vez que reconocemos su voz que no nos detenga nada ni nadie.
Romanos 8:35 ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?
Romanos 8:39: ni lo alto ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separa del amor de Dios que es en Cristo Jesús, Señor nuestro.
Nada es más grande que el amor de Dios hacia nosotros. Aunque nos encontremos como oveja en el matadero, debemos recordar cuánto Dios nos ama. Su amor nos fortalecerá para soportar cualquier prueba o dificultad. El Señor que nos ama es Rey sobre todo el universo y en Él está la victoria. Somos consolados y fortalecidos cuando alzamos nuestros ojos de los problemas y sentimos en carne propia el amor y la gracia de Dios. Su amor nos liberta, nos consuela y nos anima. Debemos decidirnos escuchar la voz de Dios en medio de las aflicciones y el Señor alineará sus oídos a nuestros oídos unánimes a su voz cuando lleguen los tiempos de aflicción, sujetándonos y a estar dispuesto a dar la vida por su causa. San Juan 10:27 dice: "Mis ovejas oyen mi voz, yo las conozco y me siguen".
El que escucha la voz del Señor jamás se alejará del camino, porque sus caminos son de bien y no de mal. Los entrenamiento de Dios tienen un propósito divino si aceptamos que son su entrenamiento, venceremos todas las circunstancias difíciles, por eso debemos estar en oración, en una exquisita intimidad con el Padre celestial, para entender la voluntad de Dios en medios de las peores circunstancias que nos podamos encontrar porque es la voluntad de Dios que seamos procesados como los diamantes, pero mantenernos alistados en el ejércitos de los valientes, que no retroceden, que no miran ni a derecha ni a izquierda porque sabe quién es la meta que es Cristo Jesús.
En esta meta vamos a encontrar quien nos bendiga, quien nos acuse injustamente y hasta quien nos haga llorar. En estos dos casos nuestra boca solamente se va a abrir para bendecir y no para maldición porque el Señor nos ha llamada a biendecir y es importante es reconocer día tras día el sacrificio de Jesús en la cruz del calvario y esa sangre preciosa derramada en la cruz del calvario, que nos renueva cada día dándonos vida y vida en abundancia. Jesús vino a la tierra, vivió entre nosotros siendo cien por ciento hombre cien por ciento Dios. Sufrió aquí en la tierra toda clase de situaciones pero no cedió al pecado, viviendo una vida santa. Murió, resucitó y hoy vive entre nosotros para que tengamos una vida de gozo, plenitud y libertad. Reclamemos día a día las promesas que nos ha dejado y obremos en su nombre.
Él es el gran yo soy, el alfa y omega, el que vive y reina por los siglos de los siglos. Tenga vida y aliento de Dios en las situaciones donde sus sentimientos lo invitan a desánimo. Su gente necesita ver que usted no es una persona que puede ser fácilmente derrotada. Todos pasamos situaciones adversas, pero que no nos condicione al avance hacia las metas que el Señor ha trazado para nuestras vidas.
Hasta el próximo domingo, una antorcha encendida en Campana.



