¿Por qué en Brasil no se festeja el Día de la Raza? A principio pensé que podría ser porque en el país vecino hay tantas razas como ritmos musicales, lo que haría difícil puntualizar de qué raza estaríamos hablando, luego, con mi tendencia al popurrí concluí que la costumbre de los países hispanoparlantes de festejar semejante cosa se originaba de la raza peculiar que somos: mix de indios, blancos y orientales, uno que otro mulato y quizá algún extraterrestre infiltrado. Pero no. Los reclamos de las minorías autóctonas que vienen aumentando desde que vivo en Argentina me hicieron saber que se festeja el Día de la Raza Blanca, conclusión abrumadora que me ha llevado al borde del desmayo.
¿A quién se le ocurre ése atropello a la razón?
Seguramente no fue culpa de Cristóbal Colón, figura a quién se le atribuye el mal de la humanidad en América. Tal es así que el nombre del continente descubierto perpetúa la traición de Américo Vespucio, periodista de la cruzada del descubrimiento y el rey Fernando II de España, que mancomunados quisieron minimizar la saga del genovés por su origen judío.
Paolo Toscanelli, cartógrafo y amigo, lo llamaba el Portugués. Su hijo, Fernando Colón, biógrafo del navegante, lo pintaba ultra católico, enamorado de la Santísima Trinidad, a quién dedicaba todas sus hazañas. Judío o católico? Italiano o Genovés? Qué importa... Luego de enriquecer a la Corona de España fue encadenado y viajó como un pordiosero en la ruta marítima que él mismo trazó. Se negó a traficar esclavos para el rey II de Portugal. Algunos dicen que era masón. Otros, el enviado que abriría los mares, anunciado por del coro de Medea. La Paloma de Cristo. Quién sabe... Colón, el misterioso.



