Los conflictos de conciencia a nivel espiritual son muy comunes en nuestra especie humana. En la doctrina homeopática se consideran como manifestaciones del desequilibrio de la Energía Vital de la persona, en un nivel más profundo que el mental y el físico. El objetivo del tratamiento homeopático es armonizar la energía por medio de un medicamento único para cada persona, cuya acción se extiende a la totalidad indivisible cuerpo- mente -espíritu.
Como premisa básica, estos conflictos espirituales se generan a partir de cómo se entiende a si mismo el ser humano, en relación con los principios y valores absolutos bajo los cuales se desarrolla su cultura. En el caso de nuestra cultura Judeo-Cristiana, dichos principios y valores se resumen en los atributos de Dios (la gracia, la bondad, lo bueno, lo cierto, lo justo,etc.). También podemos encontrarlos en otras doctrinas espirituales de todo el mundo yen las distintas vertientes filosóficas.
En homeopatía, siguiendo al Principio Vitalista, comprendemos que es propio del ser humano entenderse Imperfecto y Falible en relación a los principios y valores absolutos. Es decir, que en la esencia misma del ser humano es inexistente la posibilidad de ser perfecto, pues como dice el dicho, ¨errar es humano ¨. Así también, el ser humano se entiende Perfectible en su desarrollo y Perecedero en relación con su existencia en espacio y tiempo.
En estado de equilibrio, el ser humano acepta esta minusvalía constitucional de la especie, lo cual le permite estar libre del conflicto espiritual para de- sarrollar plenamente sus valores y capacidades.
En cambio, cuando la Energía Vital está desequilibrada, se presenta ese conflicto espiritual en la forma de una Idea Errada de Ser, por lo que el ser humano sufre el no poder ser perfecto, el ser falible y perecedero y está impedido de desarrollar su don de ser Perfectible. Queda así, condicionado a vivir en función de solventar esta minusvalía ya sufrir enfermedades .
Es decir, que el hecho de sufir nuestra imperfección con la idea errada de no ser lo que sentimos que podemos o debemos ser, nos condiciona a sentir, que- rer y hacer erradamente, A raíz de ésto, nuestra Energía Vital sufre desgaste y no puede mantener en óptimo funcionamiento al organismo; como consecuencia de ello, aparecen síntomas y signos de enfermedad, los cuales son cada vez más graves. En la medida que no se corrija el desequilibrio energético que está causando el conflicto espiritual, los síntomas mentales y las dolencias físicas, el paciente no puede ni debe ser considerado sano, ya que entendemos por salud, al equilibrio y bienestar físico, mental y espiritual.
Dr .Mariano H. Parapar M.P. : 56477
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