Una manifestación que repercutió en todo el país, con la sola voz de ¨Basta de injusticia¨. Fuentes oficiales contaron a unas 150 mil personas reunidas en el Congreso, ciudadanos de clases sociales varias, con sus hijos, con las tantas velas blancas encendidas, y muchos también con las fotos de familiares, víctimas de la inseguridad.
Fue la consecuencia de la marcha que incitó a realizar le padre de Axel, el chico de 23 años que fue secuestrado y asesinado en los últimos días; pero la enorme concentración de gente que el jueves pidió ¨Justicia¨ se debe a la gran ola de violencia que está cruzando las calles del país, a la indignación de las personas que al perder un familiar en un tiroteo policial o en un robo a mano armada -que tan rutinario se hizo-, quedan esperando que los culpables los miren desde detrás de las rejas. El sueño de vivir en un país que cumpla con las leyes que dicta.
El jueves pasado, el padre de Axel dio un discurso emotivo y un poco fuerte contra las autoridades bonaerenses, que estremeció a los allí reunidos; después de dirigirse a la masa que sostenía en sus manos las velas blancas que iluminaron la plaza, el padre compungido entregó en el Congreso y en la
Casa de la Provincia respectivamente, un plan que endurece las penas por delitos y un proyecto de cambio rotundo en la Policía Bonaerense.
Así como en otros lugares del país, la gente fue llegando a los puntos de concentración pacíficamente y sin banderas políticas, en busca de una solución al grave problema de inacción de la justicia que está conmoviendo a miles de argentinos. Todos los ¨autoconvocados¨ compartieron el mismo miedo de salir a la calle, de sacar las llaves unos metros antes de la entrada de la casa, miedo a no volver a ver con vida a sus hijos cuando salen al boliche, a la escuela...
La convocatoria fue el reflejo de lo que está sufriendo la sociedad, el cambio desde la impotencia hacia la acción, a la espera de que los funcionarios que supuestamente son empleados públicos -o sea, empleados nuestros-, hagan lo necesario para que la población no siga perdiendo familiares o amigos, para que los delincuentes paguen su cuota de odio increíble, para que el lugar en el que vivimos sea un hogar seguro.
La lucha personal contra la inseguridad que encarriló el padre de Axel es una lucha de la sociedad entera, de todos los padres que temen por la vida de sus hijos, de todos los jóvenes que temen por la vida de sus padres.
Desde ahora, la política argentina pensará dos veces antes de aprobar o vetar un fallo cuyo tema sea la inseguridad, o por lo menos es lo que esperamos todos los que desde nuetra posición, no nos queda más que acudir a
una manifestación para agregar nuestro granito de arena contra el caos en el que giramos.
Soledad Elías Leguizamón
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