En el Día Nacional del Seguro, entrevistamos a los Ferricioni, quienes acumulan 45 años de experiencia en la actividad. "Hay que tomar decisiones a diario, pero siempre pensando en varios años para adelante", dice Alejandro.
Arañando los 100 mil habitantes, hace tiempo ya que Campana dejó de ser "un pueblo grande". Sin embargo nuestra cuidad todavía conserva de esa impronta de la mano de familias que, a través de los años, se han caracterizado por sostener y desarrollar una actividad comercial en particular. Por ejemplo, es difícil no asociar al apellido Altieri con el entretenimiento; Inchausti con los helados; o Catardi al negocio inmobiliario.
Tras 45 años ininterrumpidos de trayectoria comercial, sin dudas el apellido Ferricioni es sinónimo de seguros. Por esta razón, en el Día Nacional del Seguro, nos acercamos hasta las oficinas de Estrada al 600.
Ahí nos recibió Arturo Ferricioni, quien si bien hoy está formalmente retirado, en la práctica nunca deja de darse una vuelta para despuntar el vicio y eventualmente dar una mano a sus hijos Romina y Alejandro, quienes tomaron la posta hace ya 8 años.
"Yo –recuerda Arturo- tenía 29 años. Manejaba un camión y venía pensando en dedicarme a los seguros. Mi modelo a seguir era Manolo Querejeta. Fue así que a fines de 1970, tomé contacto con la "Organización Azul y Oro" empresa conformada por Antonio Roma, Antonio Rattín, Silvio Marzolini, y Oscar Pianetti".
Pero Ferricioni no logró ponerse de acuerdo con sus ídolos futbolísticos y al año siguiente, decidió jugar su propio partido.
Siempre emprendedor, Ferricioni relata a lo largo de su dilatada trayectoria comercial intentó diversificarse y en paralelo al negocio de los seguros, participó en diversos rubros: una cooperativa agrícola ganadera, una bulonería, un supermercado. Pero, más allá de los altibajos comerciales, su primer amor, los seguros, fue el más estable y exitoso de todos.
Tanto fue así, que llegó a tener oficinas en Zárate, Escobar, Luján, Marcos Paz y Mercedes. Incluso llegó a emitir pólizas en Campana, algo impensado en tiempos que usual era tener que esperar entre 15 días a un mes hasta que llegaban de Buenos Aires.
"Siempre –relata- nos enfocamos en ofrecerles a nuestros clientes la posibilidad de contratar sus pólizas con aseguradoras comprobada solvencia y trayectoria intachable, lograr un precio competitivo, y una mejor atención pos venta posible. Una de mis mayores satisfacciones es que hoy conservamos clientes que abonan sus cuotas ininterrumpidamente desde hace 45 años. Esa fidelidad tiene un valor superlativo".
Hoy, al frente de la firma están 2 de sus 3 hijos, Alejandro y Romina, ambos matriculados en la Superintendencia de Seguros de la Nación como Productores Asesores de Seguros. "Nuestro padre –dice Alejandro- nos enseñó lo técnico y lo ético de esta actividad tan linda como compleja, y que nunca perdamos de vista que bajo nuestra responsabilidad están los bienes más preciados de mucha gente. Por eso no es casualidad en que en 45 años jamás nos tocara padecer que una compañía de seguros quebrada y dejáramos a nuestros clientes al descubierto. En esta actividad hay que tomar decisiones a diario, pero siempre pensando en varios años para adelante".
"Yo me sumé –dice Romina- haciendo una suplencia, y poco a poco me fui quedando. Al principio mi vínculo era meramente laboral. Pero con los años se transformó en una pasión. Me gusta el trato con la gente, brindarle un servicio, construir un vínculo que, si bien es comercial, está íntimamente relacionado con la confianza mutua. Es algo que mi mamá, Graciela, quien ya no está, nos inculcó. Esto ya es bastante más que una actividad comercial para nosotros. El tiempo dirá, pero no me sorprendería para nada que alguno de mis hijos, cuando llegue el momento, continúe lo que iniciaron sus abuelos".



