Parece que en el inconsciente del hombre argentino hoy se despereza la memoria de lo que fue dos mil años antes de Cristo el ejercicio de la prostitución sagrada.
Bajo la protección de Afrodita en Grecia, Venus en Roma y Astarté en Fenicia, las mujeres que lo ejercían nada tienen que ver con lo sórdido servicio que brinda la prostitución de nuestros tiempos.
Cultas, hermosas y llenas de la energía sagrada de la diosa, ésas sacerdotisas del amor tenían el poder de "destrabar" la vida del que las consultaba. Consejeras y formadoras de opinión de su tiempo, se diferenciaban de las prostitutas comunes de la cuál la trata actual es la heredera, por la investidura que las revestía. El único beneficio que se les negaba era el matrimonio.
Cuando veo hombres que en la actualidad se relacionan con mujeres independientes, cultas, hermosas y no le dan más que el tiempo que les sobra, pienso en ésas confundidas jóvenes sacerdotisas del amor.
Cuando puedo, las hago entrar en el túnel del tiempo y recuperar sus glorias perdidas. Son ellos los vulgares, los comunes... y la mayoría de ellas no se dan cuenta del enorme poder que tienen y cómo lo desperdician amando a hombres ordinarios.



