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» Este artículo corresponde a la Edición del domingo, 20/nov/2016 de La Auténtica Defensa.

Una Mirada de Fe
Por María Cristina Solís




Romanos 1:1-4: Pablo fue apartado para el evangelio, y llamado a ser apóstol de Dios. El evangelio había sido prometido antes por sus profetas en las santas escrituras, acerca de su hijo. Jesús es del linaje de David según la carne, quien resucitó entre los muertos. Los santos hemos sido llamados a ser de Cristo.

La clave del evangelio es Jesucristo. Pablo fue llamado y apartado para predicar el evangelio que Dios ha iniciado por su soberanía. Es el evangelio de su hijo, Jesucristo, quien vino como el mesías del linaje de David y librará a Israel de la opresión de sus enemigos. Él es el Rey Jesucristo, que quebrantó la potestad de las tinieblas y de los pecados para salvar a su pueblo. Resucitó de los muertos, fue proclamado Hijo de Dios, y ahora se encuentra en la diestra de Dios reinando con gran autoridad y Gloria. Cristo es la promesa de Dios y la clave del evangelio, el dueño de nuestras vidas y la esperanza de la humanidad. El propósito del evangelio es la fe y la obediencia. Ahora las buenas nuevas de salvación son también para los gentiles. El evangelio ya no está limitado a los hijos de la promesa (judíos), como Isaac y Jacob, sino que incluye a los que habían sido reprobados del decreto de Dios (gentiles), como Ismael e Isaú eran ajenos a la promesa y la salvación, pero pueden disfrutar de la gracia y paz por medio de la obediencia de fe en Cristo. Cuando creemos y obedecemos en el evangelio, disfrutamos del amor de Dios y somos llamados santos. El evangelio es poder, gozo y esperanza para todos los que creen y obedecen. Dios juzga con juicio y retribuye según nuestras obras. En el antiguo testamento la tribulación y angustia aparecen juntas para describir la situación de aquellos que viven sin Dios. Cristo es la solución para los que se encuentran en aflicción. Si creemos en Él y hacemos el bien, Dios nos coronará con gloria, honra y paz. No juzguemos a otros por sus condiciones externas, como a que familia pertenece o sus logros académicos, sino que procuremos tener fe y hacer buenas obras porque el Señor escudriña las intenciones de nuestros corazón. Dios juzgará los pecados utilizando dos parámetros alternativos. El juicio será sobre todos los judíos que tienen la ley, serán juzgados por sus requerimientos y los gentiles que no tienen la ley, serán juzgados según la ley escrita en sus corazones y en la creación "mi evangelio del cual habla Pablo, incluye los pecados más profundos del hombre". La palabra de Dios nos advierte de la gravedad del pecado y la justicia del juicio; obedezcamos a la voz de Dios que resuena en su palabra y en nuestra conciencia. Demos testimonio del evangelio para ganar a aquellos que compadecerán delante del trono del juicio de Dios por haber menospreciado el amor de su creador. Si el fiel obedece la palabra, tendrá influencia y la iglesia estará mayormente influenciada por fieles obedientes. Si los cristianos nos respetamos y nos amamos mutuamente podremos vencer el mal con el bien, tal como lo hizo Jesucristo. Aférrese al bien y preséntese ante Dios. Recuerde que los ministerios no son para los hombres sino para Él, asique siempre enfóquese en Dios. Seremos una comunidad de fe cuando demostremos su amor entre los fieles y nos respetemos, y sirvamos a Dios con pasión y esfuerzo. Justamente eso es vivir "enfocándose en Dios".

Una vida de obediencia a Dios comienza con la muerte, no la muerte física pero la muerte a uno mismo. El fin de intentar obtener por nuestra propia fuerza el derecho de presentarnos a Dios porque todo lo hace Jesús, desde el principio hasta el fin, podremos presentarnos ante Él como personas justas solo cuando nos vistamos de una gracia absoluta creyendo en la obra del salvador. No podemos jactarnos delante de Dios porque Él es Soberano y Todopoderoso, si el favor de Dios dependiera de nuestras obras ya no sería gracia sino retribución. Dios en su infinito amor no solamente nos ha librado del castigo eterno sino que nos acepto como sus hijos y manifiesta su presencia en medio de nosotros. Abraham creía que Dios era fiel para cumplir sus promesas y le fue contado por justicia. No hay pecado del pasado que pueda interferir en la justificación por fe. La felicidad viene por la salvación y la redención por medio de la fe.

Hasta el próximo domingo, Una antorcha encendida en Campana.

María Cristina Solís - Mail: unamiradadefe_@outlook.com -


 
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