Los alimentos que ingerimos a diario, su forma de preparación, y cuales momentos del día son los elegidos para comer forman parte de un conjunto de hábitos que se transmiten desde antes de nacer. Por ser tan cotidiano el uso del alimentos generalmente no se reflexiona sobre él, y la mayoría de las veces cuando se reflexiona, solo se hace para buscar determinado peso o porque se esté cursando una enfermedad en donde el cuidado alimentario colabora para su cura.
Cuando solo se piensa en el alimento para que nos ayude a encontrar determinado peso, se cometen errores que trascienden el daño físico, ya que puede transformarse el alimento y/o el acto de comer en un motivo de obsesión, siendo esto para personalidades vulnerables muy riesgoso.
Ademàs de personalidades vulnerables o hipersensibles, existen etapas del desarrollo que hacen que las personas se encuentren más expuestas a cualquier daño. Por ejemplo la adolescencia.
También hay que tener en cuenta que existe un fuerte contexto social donde la prioridad está puesta en un modelo de figura extremadamente delgado, siendo esto una utopía, ya que si alcanzamos a ver la realidad en la que estamos inmersos en poco frecuente.
Durante la adolescencia se sufren muchos cambios físicos en muy poco tiempo, y esto hace que los jóvenes pierdan noción de su esquema corporal, además de que esta etapa está caracterizada por la búsqueda de modelos de identificación.
Los cambios del organismo están regidos por hormonas, y producen crecimiento muscular, y óseo además de maduración en el desarrollo del aparato reproductivo, con los cambios corporales consecuentes.
A modo informativo y para poder luego sacar conclusiones les trasmito los siguientes datos: ¨las mujeres en la pubertad tienen un 22% de grasa corporal en comparación con casi el 15% en los varones. Durante esta época los varones aumentan el doble de tejido magro que las mujeres.
Cabe señalar que existe una relación entre peso corporal y la edad de la menarca (primer menstruación).
Se necesita aproximadamente un 17% del peso corporal en grasa para que ésta se desencadene y un 22% de grasa para que se mantengan los ciclos menstruales.
Durante la adolescencia la pérdida de un 10 a 15% del peso corporal representa una tercera parte de la grasa corporal y puede inducir a una amenorrea secundaria reanudándose los ciclos si el peso es recuperado¨.
Todos los cambios mencionados (crecimiento de masa muscular y crecimiento óseo) implican por supuesto un aumento de peso, por lo tanto puede originar que muchas adolescentes restrinjan innecesariamente el alimento debido ya que no les agrada su peso y forma corporal.
Esta disparidad entre lo que se percibe, lo que se desea, y lo que se necesita con frecuencia origina una conducta alimentaria inadecuada.
También es cierto que en esta época de gran crecimiento los adolescentes por lo general necesitan comer con mayor frecuencia y en mayores cantidades.
Por lo tanto es necesario que se guíe a los adolescentes para que adquieran hábitos alimentarios sanos, y para ello debería incluirse la información, de porqué comer determinados alimentos junto con la ayuda de cambios actitudinales y de conducta, tarea en la que se necesita profesionales de la salud quedando incluida por supuesto la familia.
Hasta la próxima.
Licenciada Nora Pin
norapin@arnet.com.ar
Bibliografía citada en el entrecomillado: guía Médica de Diagnóstico y Tratamiento de trastornos alimentarios.
Dra. Rosa Labanca y colaboradores (SAOTA).



