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» Este artículo corresponde a la Edición del domingo, 11/abr/2004 de La Auténtica Defensa.

Inseguridad como síntoma
Por Dario Martin




Nuevamente la inseguridad, la gente en la calle y el bombardeo mediático. Lo que realmente se vio fue un accionar directo, varios sectores que buscan integrar al conciente colectivo un mensaje y que sin disimularlo intentar captar adeptos, donde salieron a la palestra para tomar cartas en el asunto. Esto de ¨nadie fue con una intención política¨ es mentira. Realmente el problema requiere política y políticas. Esa muchedumbre reclamaba algo que perjudica a varias personas y son blanco de dicha inseguridad, pero en un inmenso colectivo, la política es parte principal para las soluciones. Llevar un petitorio es político. Debatir el tema de inseguridad es una política y una verdaderamente aplicada. Por tal motivo no firmaría dichas planillas para la reformulación de las leyes vigentes. Porque el problema no es el planteado por el padre del chico brutalmente asesinado, Axel, y que por otro lado pone, exclusivamente a la cabeza de la solución, a cuadros corruptos de las llamadas ¨gloriosas instituciones policiales¨.

Como primera parte, y que nadie menciona, la enfermedad no es la inseguridad. Pero si se hace hincapié puede presentarse como tal, dejando en claro la jugada detrás, el propósito y el ambiente en que se disputa una contienda que supera a toda esa marcha. La misma que salió con una venda para no ver, a los extremos, el marco principal. Estoy de acuerdo que se debe aplicar un freno, pero de corte político social, en donde la inseguridad es sólo un síntoma más de un agudo diagnóstico. Un ejemplo de enfermedades sociales son la inseguridad laboral, la inseguridad alimenticia, la inseguridad educativa, la inseguridad marginal y otras tantas que dejan por debajo a un acto delictivo. Este malestar social conflictivo son temas tan puntuales como el hambre y la exclusión, ramificándose en síntomas varios. Con una sociedad fragmentada en ricos y pobres con un amplio margen, donde los pobres son en su mayoría analfabetos, indigentes y descarriados, no debemos esperar otra cosa y ver tomar a la delincuencia como escuela. Si bien muchos dirán que pasar hambre no debería llevar a delinquir, es verdad y no se justifica cuando en muchos hogares pobres la dignidad es bandera, pero las masas empobrecidas y brutas no son más que un reflejo de una sociedad dominante corrupta. Estás partes y el resto de nuestra sociedad creció bajo tres décadas fomentadoras del ocio y decadencia educativa, donde también se gestaron mafias reaccionarias y con propósitos políticos claros. Programas concretos para llevar a cabo grandes robos y expoliaciones organizativas dentro de la clase obrera y sus aliados, generando el actual momento histórico. Período tan importante, bisagra podríamos llamarlo, en América Latina de movimientos y luchas. Que no es casual, pues el trabajo bien intencionado de los medios masivos de comunicación es no informarlo, negarlos y en muchos casos mentir al respecto para que no se transforme en traba para dichos planes.

Esta enfermedad responde a los actos políticos llevados a cabo y se debe combatir directamente con la misma arma. Pero con el fraccionamiento de las fuerzas sociales todas, estamos hablando pérdida de la realidad de los partidos de izquierda o llamados comunistas o revolucionarios en otros casos, de las asambleas populares disueltas y del paralizado y retrasado movimiento obrero que no surge, resulta imposible formar dicha herramienta que realice los cambios necesarios. Las iniciativas son tomadas por fuerzas sociales contrarias a los trabajadores y el pueblo en general. También provocando hoy mismo fracturas internas dentro de la propia burguesía, actuando ante nuestros ojos, con sus contradicciones y pugnas. Los dos partidos que gobernaron al país durante años, hoy son solo paupérrimas cáscaras que no contienen a nadie, esto lo saben, pero llevan la delantera y el poder para seguir. Generando el siempre de qué hablar y como entretener al resto de las masas, hoy con el tema la inseguridad, teniendo en cuenta que cada sector requiere el uso de la fuerza para su accionar como moderador de situaciones límites.

Entonces, para resumir, la inseguridad es nuestra fiebre y fue armada por estos personajes que causaron la enfermedad, la marginación. Por el simple hecho que los trabajadores no están en el ambiente político, jugando su papel histórico, dejando el espacio para que fuerzas represivas del estado y de la burguesía, parte de ésta que hoy tiene el poder, abroquele un panorama negro en materia de represión y miseria económica.

O acaso… ¿podemos confiar en alguien que, por más discurso bonito y progresista tenga, deje en las entrañas del gobierno a Duhalde, Scioli, Béliz, Ibarra, Solá, Ruckauf, etc.? Cuando la mayoría de estos personajes estuvieron con los anteriores gobiernos y son cuestionados. Es para poder debatir, quienes realmente están seguros o inseguros, y que tipo de planteo nos quieren vender.

dariomartinamaru@yahoo.com

El autor es miembro del Centro de Estudios Literarios y Periodísticos del taller escuela Mariano Moreno.


 
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